La Guerra Fría ha quedado relegada a los libros de historia y la URSS, que desapareció hace 21 años, es objeto de interesantes exposiciones en los museos... Los países del bloque comunista ya no tienen nada que ver con su enemigo de antaño y, en 2012, se podría decir que Rusia ya no supone una amenaza para nadie. De esto se desprende un cierto desprecio por parte de los europeos occidentales, para quienes sus conciudadanos del Este sufren una paranoia, un sentimiento de persecución ante los rusos.

Sin embargo, la víspera de unas elecciones presidenciales rusas en las que se prevé que el primer ministro Vladimir Putin regrese al Kremlin sin mayores sorpresas, el presidente de la comisión de Asuntos Europeos del Parlamento estonio, Taavi Roivas, explicaba en un reciente coloquio “que una de las razones que empujó a los estonios a acoger con entusiasmo el euro en 2011 fue que así escapaban un poco más de la influencia de los rusos".

Lo queramos o no, Rusia es un socio ineludible de Europa y no hay que subestimarla. Es el primer suministrador de gas de la UE, y se dispone a ver cómo aumenta su influencia tras la entrada en funcionamiento de los gasoductos South Stream y Nord Stream. Es el país de origen de numerosas fortunas que han invertido en negocios europeos (fútbol, casinos, medios de comunicación, etc.). Y es uno de los acreedores de la UE... Y el hecho de que Putin muy probablemente vuelva a asumir los mandos no hará sino reforzar esta tendencia: Vladimir Vladimirovitch tendrá los medios para llevar a cabo alguno de los proyectos que ha venido anunciado estos últimos años, como la creación de una unión eurasiática para 2015, la liberalización de visados para sus conciudadanos o el rearmede Rusia... Se da ampliamente por hecho que en los próximos años nada podrá llevarse a cabo sin el apoyo de Moscú. Ni en el seno de la UE, ni en su entorno más cercano. El caso de Siria, en el que una resolución firme de la ONU se ha dado de bruces con el veto chino-ruso, lo ilustra de manera emblemática.

La táctica del Kremlin es la de “dividir para reinar mejor”, y los europeos participan en ella, por ejemplo, al hacer prevalecer sus intereses nacionales en materia de energía sobre los intereses comunitarios o al responder desordenadamente a las amenazas militares reales o supuestas de Moscú.

"Rusia es parte inalienable y orgánica de Europa y de la civilización europea. Nuestros ciudadanos se consideran europeos […]. Por este motivo Rusia propone la creación de un espacio económico y humanitario común, del Atlántico al Pacífico, una comunidad denominada la Unión de Europa", según anunció a finales de febrero Putin en un artículo de opinión publicado por Ria Novosti.

Ante tamañas ambiciones, a Europa le convendría abandonar la desconfianza y el desdén y dejar de considerar a Rusia como una amenaza para tratarla como a un socio en igualdad de condiciones.