¿Transición o decisión? Tras 2012, el año en el que el euro se iba a hundir, resulta tentador definir de antemano lo que será 2013 para los europeos, ante el riesgo de equivocarse. Pero a la hora de hacer un pronóstico, es posible extraer algunas tendencias generales, cuyos efectos serán duraderos en la vida política y cotidiana de la Unión Europea. Vayamos con ello.

El acontecimiento del año serán las elecciones legislativas en Alemania, que se celebrarán posiblemente el 22 de septiembre. Angela Merkel, que conserva un índice de popularidad récord, tiene muchas papeletas para ser elegida para un tercer mandato al frente de la cancillería. Mantendrá por tanto su política europea de austeridad, popular entre sus votantes. Pero también necesitará estabilidad, lo que podría favorecer la política de intervención del Banco Central Europeo en la crisis de la deuda. Porque esta política, aunque poco popular en Berlín y en el Bundesbank, ha calmado los mercados y concedido un respiro a los socios más importantes, y al tiempo más frágiles, de Alemania, como Italia, España y Francia.

Precisamente en Italia las elecciones tendrán lugar los días 24 y 25 de febrero, planteando un desafío crucial: ¿podrá continuar gobernando el "tecnócrata" Mario Monti sin ser elegido pero con el apoyo de una coalición de partidos centristas? La situación italiana es ejemplar para el resto de Europa en dos sentidos. Una política de austeridad conforme a las expectativas de los mercados y de los países socios, ¿resulta suficiente para levantar un país? ¿y puede un Gobierno tecnócrata conciliar simultáneamente las exigencias económicas y democráticas de una sociedad?

Durante este tiempo, los británicos, y muchos otros europeos, continuarán interrogándose sobre qué lugar ocupan en la UE. A pesar de los llamamientos insistentes del ala euroescéptica de su partido, el primer ministro David Cameron probablemente evite hacerse cargo de la responsabilidad histórica de una revisión de la pertenencia de su país a la Unión. Pero dicha hipótesis pesará en gran medida en las negociaciones sobre el presupuesto europeo para 2014-2020, y también sobre la gestión de la crisis y las reflexiones sobre el futuro institucional de la UE.

Cameron tendrá aún menos interés en cortar los puentes con el continente a medida que el Reino Unido se acerque a la fecha del referéndum sobre la independencia de Escocia, previsto para 2014. La espada de Damocles de una separación también pesará sobre Bélgica, donde los nacionalistas flamencos prepararán las elecciones federales de 2014, y sobre España, donde Cataluña intentará crear las condiciones más favorables para organizar su referéndum sobre la independencia, también en 2014.

Las aspiraciones catalanas, que también se traducen en una contestación sobre cómo contribuye la región a la financiación del Estado, acentuarán la vulnerabilidad de España. Con una tasa de paro cercana al 25% y un sector bancario muy debilitado, el país será el eslabón débil de Europa, pues concentrará todos los males económicos y sociales del continente (si se excluye el caso de Grecia).

Porque, más allá de las tendencias políticas, es el contexto social y la situación personal de los 500 millones de europeos lo que habrá que observar de cerca a lo largo del año. Sean cuales sean las decisiones que se tomen en Bruselas o en Fráncfort, sean cuales sean los repuntes en las gráficas de las bolsas y de los indicadores macroeconómicos, el futuro de la UE también se modelará en las fábricas, las oficinas, los hospitales, y las calles a las que se ven abocadas cada vez más víctimas de la crisis.