En las últimas semanas, VoxEurop se ha unido al proyecto #OpenEurope, que reúne a varios medios de comunicación, ONG y asociaciones europeas y que busca "contar las solidaridades concretas que se construyen para ayudar a los inmigrantes. Y defender un proyecto europeo alrededor de los valores de apertura, bienvenida y asilo".

Efectivamente, pensamos que la crisis ligada al número inédito de inmigrantes y refugiados que están llegando a Europa desde hace varios meses no es un fenómeno pasajero y que demanda a los gobiernos, a las instituciones europeas y a los ciudadanos europeos respuestas a la altura del desafío humanitario, social y económico que representa.

Si Europa, en su momento tierra de emigración, fue durante décadas un destino privilegiado para todos aquellos que, comenzando por los nacionales de su antigua colonias, buscaban un futuro mejor, ahora acuden a ella todos aquellos que, sirios, libios, eritreos e iraquíes, huyen de la persecución y la guerra. De guerras en las que los países europeos han jugado – por su intervención o su indiferencia – un papel. Por lo tanto, tienen una responsabilidad, si no legal,moral, si este término tiene algún significado en la política. Y por eso deberían mostrar más preocupación y generosidad a la hora de examinar las solicitudes de asilo de los refugiados.

Hay sin duda entre las decenas de miles de personas que llaman a las puertas de Europa inmigrantes económicos en busca de trabajo y una situación mejor para ellos y sus familias. No deben confundirse con los refugiados, pero deberían beneficiarse de procedimientos simplificados para su recepción, a través de las antenas de la UE en los países afectados. Por encima de todo, deben tener una mejor imagen en la opinión pública. Para ello, los responsables políticos europeos deberían dejará de transmitir la idea de que la inmigración económica es una amenaza para nuestro bienestar y nuestro Estado del bienestar: varios estudios demuestran lo contrario. ¿Que amenazan nuestra civilización y nuestra cultura? Estas están bien arraigadas y son lo suficientemente fuertes- Y se exportan bastante bien por otra parte.

Tal vez no es fácil en tiempos de crisis económica, pero, por definición, le corresponde a los líderes dirigir a sus conciudadanos, y no seguir los impulsos de la multitud. Pero para defender lo que es correcto, es precisa una estatura y una visión política, algo de lo que carecen nuestros líderes actuales. Las negociaciones sobre las cuotas de refugiados han proporcionado la prueba muy recientemente. No se trata de dar la bienvenida a "toda la miseria del mundo ", como les gusta repetir a algunos – pues la mayor parte de los habitantes de este planeta aspirar a vivir tranquilamente en su país – sino dar cobijo a los que necesitan protección o tienen algo que aportar.

Sin embargo, como demuestran las muchas iniciativas que pululan por todas partes en Europa, los valores que caracterizan a nuestro continente – la solidaridad, el humanismo,la empatía, la generosidad – siguen siendo populares. Son ellos los que impulsaron la unidad europea dejando a un lado el rencor y los intereses particulares después la carnicería de la Segunda Guerra Mundial, para crear una unión que se convirtió en la primera potencia económica y en un modelo social para todo el mundo y que ha asegurado la paz entre sus miembros. No los traicionemos.