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"Al menos un acto violento al día en cada prisión", titula De Morgen. Además de la saturación de internos, el aumento de la violencia en los centros penitenciarios belgas se debe al hecho de que "hay más detenidos originarios de los países del Este, que no cuentan con un apoyo financiero externo a la prisión y se dedican al tráfico de drogas y de teléfonos móviles", explica un sindicalista al diario flamenco. "Con esta situación surgen las bandas", un fenómeno agravado por los problemas del idioma.

Además, los delincuentes ‘buenos’ se encuentran fuera de las prisiones, cumpliendo su condena con una pulsera electrónica. "Cuando se producen actos violentos, no se puede esperar que los vigilantes que ganan alrededor de 1 .400 euros al mes intervengan y arriesguen sus vidas", señala un abogado de Amberes. Para solucionar el problema de la saturación de reclusos, Bélgica ha firmado el 31 de octubre un tratado con los Países Bajos para transferir detenidos a la presión neerlandesa de Tilburg, tal y como anuncia Le Soir.