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“Cumbres europeas con y sin Polonia”, titula la Gazeta Wyborcza, acerca del compromiso alcanzado el 30 de enero en la reunión del Consejo en la que se permitió que Polonia participe en las reuniones de la eurozona, pero únicamente en las que estén dedicadas al “desarrollo del pacto fiscal y a las reformas de la eurozona”.

El primer ministro polaco Donald Tusk insiste en que a pesar de no estar “satisfecha al 100% con el compromiso [alcanzado]”, Polonia firmará el pacto. La Dziennik Gazeta Prawna dibuja un retrato nada halagüeño de la cumbre celebrada esta semana, extrayendo las siguientes conclusiones:

En primer lugar, Europa se ha dividido. El pacto fiscal es el documento fundacional de la nueva UE, en la que los países que no pertenecen al euro se transforman en miembros de segunda fila. En segundo lugar, ofrece una magnífica oportunidad para acabar con el mito de que [los polacos] estamos colgados de Alemania y aprovechándonos de los beneficios. Alemania no sacrificaría su cooperación con Francia ante el altar del ministro de Asuntos Exteriores Sikorski, cuyo discurso en Berlín pedía más liderazgo alemán. En tercer lugar, podemos felicitar a Francia y Alemania por haber llevado a cabo de manera eficiente una política que claramente definía los objetivos nacionales. Nosotros [los polacos] solo improvisamos.