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Tras la Segunda Guerra Mundial numerosas familias judías francesas decidieron afrancesar su patronímico ante la amenaza del antisemitismo y para facilitar su integración. Así, los Rozenkopf se convirtieron en los Rosent, los Rubinstein en los Raimbaud o los Wolkowicz en los Volcot. “Algunos de sus hijos, en busca de sus raíces, intentan hoy ‘recuperar’ su apellido de origen”,observa Libération. Reunidos entorno al colectivo 'La Force du Nom' (la fuerza del nombre), acaban de defender su causa ante el Consejo de Estado (la más alta jurisdicción administrativa).“Si bien todo extranjero puede afrancesar su apellido, está prohibido hacer lo contrario”, añade el diario, “mientras que en Estados Unidos, la posibilidad de recuperar el apellido existe desde hace varias décadas”.