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“Las bolsas se desploman, el diferencial se dispara”, así resume La Stampa el miedo financiero del martes que hizo que los mercados de valores cayesen en toda Europa. Italia estuvo en la cresta de la ola, con Milán perdiendo casi el 5% y el diferencial entre sus bonos y los de Alemania por encima del umbral de los 400 puntos, y con los bonos italianos a 10 años vendiéndose al 5,66% frente al 1,65% de los alemanes.

El primer ministro Mario Monti trató de disipar los miedos y culpó de ello a las dificultades que atraviesa España y al débil crecimiento internacional. Según el diario de Turín, en privado también arremetió contra la patronal italiana que, con sus críticas a la reforma laboral al tildarla de muy suave y de haberse plegado a las demandas de los sindicatos, ha debilitado el apoyo al Gobierno. En las página de La Stampa, Bill Emmot, exjefe de redacción de The Economist, defiende que

“Sería negativo prestar mucha atención a las variaciones diarias o semanales, puesto que están muy vinculadas a la psicología animal. [...] No obstante, tras ellas reside una gran verdad: no se han solucionado ni los problemas de la deuda soberana de Europa, ni los de Italia. Si la recesión en Italia o España es ligeramente peor de lo previsto, se quedarán cortos en sus objetivos de reducción de déficit. Eso haría que se cuestionase la voluntad política. [...] Las reformas de Monti han sido enormes si se compara con las de Gobiernos predecesores, pero no así con respecto a la tarea que tiene encomendada. Empezó con un modesto programa de liberalizaciones, proporcionó un tímido estímulo a los agentes de la competitividad y emprendió una reforma laboral que no pasará a la historia. Ningún comprador de bonos ha podido tener la sensación de que las perspectivas de crecimiento de Italia se han transformado radicalmente.