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Cerca de cien manifestantes se concentraron el día 9 de febrero ante la embajada de Italia en Teherán y se dedicaron a lanzar piedras contra el edificio al grito de "muerte a Italia". Ésta ha sido la reacción suscitada por el discurso que Silvio Berlusconi pronunció ante la Knesset israelí, en el que habló de la necesidad de proteger a Israel y ayudar asimismo a la oposición iraní. Según La Stampa, "las relaciones que mantenían Roma y Teherán, en tiempos lo bastante buenas como para preocupar a los gobiernos europeos más intransigentes, se han enfriado en cuestión de días". Tras el discurso de Berlusconi, el gigante italiano de la energía ENI declaró que no firmará nuevos contratos con Irán. La Stampa aclara que Italia se ha acompasado con Europa para aislar el régimen: "Para un país que quiere tener importancia en el plano internacional, estar en buenos términos con Teherán supone un lastre insostenible". También se produjeron manifestaciones enfrente de las embajadas de Francia y de los Países Bajos.