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Tras la celebración de las elecciones legislativas, el Partido Socialista del presidente François Hollande cuenta ahora con mayoría en el Senado y en la Asamblea Nacional, una situación particular que, tal y como apunta Le Monde, hace recaer sobre los hombros del presidente francés una “responsabilidad histórica frente a Europa”:

La tradición monárquica francesa tiene sus inconvenientes pero presenta en la actualidad una gran ventaja: otorga al Jefe de Estado un margen de maniobra inédito, una libertad para actuar en ámbito europeo de la que carecen la mayoría de sus homólogos europeos, limitados por complejas coaliciones o por contrapoderes locales de peso.

El presidente francés, único socialista en una Unión Europea dominada por los conservadores, va a estar muy solo, según señala este mismo diario, que además reclama a la nueva mayoría:

Puesto que tiene la posibilidad de desempeñar un papel principal en la reorientación de la construcción europea, Francia debe hacerlo sin arrogancia y escuchando a sus socios -anto a Alemania como a los países meridionales-. Debe comprometerse a realizar ella misma los esfuerzos necesarios para el reequilibrio de sus cuentas públicas y su competitividad industrial.

Les Echos, por su parte, hacen el“Otro llamamiento del 18 de junio”, en alusión al célebre discurso pronunciado por el General de Gaulle en la BBC en 1940: “Una vez concluidas las elecciones en Grecia y Francia, la prioridad de París y Berlín debe ser otra: dejar de lado sus rencillas y retomar las conversaciones.”

A tan sólo diez días del Consejo Europeo, el diario económico insta a las dos capitales a superar su doble malentendido:

El Gobierno alemán cree que la actitud férrea de François Hollande es de índole meramente política: se trata de un error de análisis. […] Por su parte, el Elíseo tampoco es realista. Están convencidos […] de que Alemania se ha beneficiado totalmente del euro y que es la culpable de la recesión en Europa. Es un espejismo: los socialdemócratas van a ratificar el pacto fiscal, los alemanes no olvidan que el euro les fue impuesto a cambio de la reunificación y que no se hará nada en contra de su voluntad puesto que sus cuentas son las más vigorosas y su economía la más resistente. […] Para desterrar estos malentendidos, ambos tendrán que dar su brazo a torcer.