La puesta en marcha de los eurobonos no es inminente. Francia través de su primer ministro, acaba de aceptar lo que Alemania lleva repitiendo durante meses. En una entrevista concedida al semanario Die Zeit, el socialista Jean-Marc Ayrault reconoce que:

una mutualización de las deudas necesita una mayor integración política, la cual necesita varios años para hacerse realidad. El problema es que no podemos esperar tanto tiempo para actuar. Una vez más, el tiempo apremia.

El jefe del Gobierno francés critica de nuevo la austeridad como única salida y evoca posibles soluciones para poner fin a la crisis del euro:

Debemos encaminarnos hacia una supervisión bancaria común, con un sistema europeo de garantía de depósitos. También podemos intentar encontrar soluciones que permitan a los Estados acceder más fácilmente a los recursos financieros […]. A corto plazo, debería reforzarse el papel del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Bajo determinadas condiciones, debería permitírsele actuar como un banco para evitar que los Estados sigan endeudándose a costa de los contribuyentes.

En París, La Tribune constataque "al adoptar una postura común en materia de eurobonos, el Gobierno francés abandona la que fue su posición clave dentro de su programa europeo”. Al recordar las encendidas críticas de la canciller Angela Merkel a las propuestas de François Hollande, el diario considera que:

el nuevo presidente francés parece haber aprendido la lección. Ya ha olvidado su promesa de mutualización de las deudas que, hace apenas un mes, defendía con vehemencia. […] La ha olvidado como también ha olvidado su idea de remodelar el BCE inspirándose en el modelo de la Fed [el Banco Central de EE.UU.], auténtico casus belli para Berlín. Así como también ha olvidado la renegociación del pacto fiscal para incluir “un apartado sobre el crecimiento”, que ha quedado reducido a meras medidas puntuales de las que nadie puede creer seriamente que llegarán a incidir en la coyuntura europea y aún menos en la francesa.

“Ante semejantes retrocesos", concluye La Tribune, "París empieza a asumir su posición de debilidad en Europa.”