Acusada por complicidad en la ejecución de nueve militantes nigerianos, entre los que se cuenta el escritor Ken Saro-Wiwa, la petrolífera anglo-holandesa Shell ha pagado 15,5 millones de dólares a los familiares de las víctimas para evitar un proceso judicial en un tribunal norteamericano. Según Trouw, es lamentable que el asunto se haya concluido con un acuerdo amistoso, pues de esta manera nunca se sabrá la verdad sobre la implicación real de Shell: "El proceso judicial podría haber desatado las emociones en la región del delta del Níger. Desde esta perspectiva, el arrelgo parece una buena solución para todas las partes. En cualquier caso, el proceso hubiera sido una excelente oportunidad para llamar la atención sobre las actividades de la multinacional en el Delta. Las acusaciones son graves, y se habla de complicidad de asesinato. De ahí la inoportunidad de este acuerdo amistoso". Trouw igualmente analiza negativamente el hecho de que el asunto no sea juzgado en los Países Bajos, país en el que Shell tiene sede.