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Mientras Occidente se ahoga en sus crisis relacionadas con la deuda, China se convierte en un "modelo mundial gracias a una variante pragmática de la economía de planificación", constata el Handelsblatt. Orgullosa de su tasa de crecimiento del 12% en el primer trimestre de 2010, esta potencia “genera superávits sin acumular deudas”. Unos resultados que, según el diario alemán, no responden tanto al celo de los empresarios chinos como a un sistema basado en varios principios. En primer lugar, los planes quinquenales transforman la crisis en una mera perturbación que ha de compensarse. Los planes de reactivación del consumo reciben el apoyo de los medios estatales, que repiten que el consumidor “puede confiar en el Estado y en la economía”. Por último, el Estado limita el importe de los créditos bancarios y el banco central se encuentra bajo el férreo control del partido. “El problema europeo —donde los bancos centrales inundan el mercado con una liquidez que los bancos aprovechan sin perder un instante para evitar tambaleos— no existe en el “gigante asiático”, donde su ciudadanía “tiene los pies en la tierra" y desconfía de los “especuladores”, resume el Handelsblatt.