Finlandia empieza a mostrar signos de debilidad, a pesar de ser el último miembro de la eurozona que ostenta aún la mejor nota respecto al endeudamiento, la famosa triple A que otorgan las grandes agencias de calificación internacionales. La Croix señala que, “a lo largo del segundo trimestre, la situación se ha degradado, con un retroceso del Producto Interior Bruto de un 1%”.

Según Jutta Urpilainen, ministro de Finanzas, el país podría entrar en recesión si persiste la desaceleración económica mundial. [...] Con unas finanzas públicas muy saneadas, el déficit público representa un 0,8% del PIB, Finlandia es, no obstante, vulnerable a los problemas externos. Las exportaciones representan un 40% del PIB, y un 30% de ellas se realizan hacia otros países de la unión monetaria.

Una situación inédita para Helsinki, que se traduce en una desconfianza en aumento hacia los mecanismos de rescate que piden los socios de la zona euro. “El primer ministro Jyrki Katainen recordó a principios de julio que no quería que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) pudiese comprar deuda soberana”, subraya el diario francés.

La Croix cita a un experto de la OCDE que argumenta que

los finlandeses tienen la sensación de que con la crisis bancaria de la década de los años noventa ellos tuvieron que encauzar sus cuentas públicas por sus propios medios. Hoy, les da la impresión de que los países del Sur no hacen todo lo necesario para salir de la crisis.