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Atenas se prepara para una “visita crucial de Merkel”, anuncia Kathimerini. La visita de la canciller alemana del 9 de octubre despierta gran expectación puesto que es su primera visita de trabajo a la capital griega desde que estalló la crisis. Aunque el Gobierno griego quiere convencer a la mandataria alemana de que acelere el desembolso del siguiente pago de la ayuda internacional, 31.500 millones de euros más, y de que retrase dos años la fecha prevista para equilibrar las cuentas públicas, la prensa griega no cree que vaya a producirse ningún cambio político en ese sentido.

Tal y como explica Alexis Papachelas en el Kathimerini:

Los alemanes tienes dos graves problemas. Uno, la manera extremadamente negativa con la que su opinión pública mira a Grecia y a quienes la componen. Merkel ha hecho un gran esfuerzo para que esta situación dé un giro de 180º. [...] Durante su visita, obviamente tendrá en mente a la opinión pública alemana, y especialmente a los euroescépticos, a los que todavía no ha conseguido ganarse para su causa. Su segundo gran problema es que, aunque Grecia haya hecho grandes recortes en su gasto público, todavía cuenta con un retraso importante en relación a las reformas estructurales. [...] Su mensaje hacia los líderes griegos será claro: realicen avances que impresionen con celeridad y les recompensaré por ello. [...] Pero no deberíamos esperar soluciones mágicas. [...] La visita de Merkel seguramente proporcione una cierta estabilidad a la posición de Grecia en la zona euro, pero no deberíamos soñar con milagros.

De hecho, el editorialista Dimitri Danikas matiza en el To Vima que “nada de lo esencial ha cambiado”, a pesar del gesto de la canciller:

Pongo la mano sobre el fuego por que esta visita es otro acto más de una obra de teatro. Hasta que la zona euro se estabilice, Merkel seguirá el juego diciendo que Grecia es un país europeo y que por eso ella ha decidido mantenernos con vida a través de tratamientos en vena. Esta visita es simbólica. Por una parte, está totalmente decepcionada con el inmovilismo griego y pone cara de que nos quiere dentro de la Unión Europea. Por otra, nosotros fingimos que tratamos de cambiar. Es una obra de teatro con muchos actos, con muchas medidas de austeridad y que lleva por título “una muerte lenta sin anestesia.