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El día después del fracaso de la fusión entre el consorcio aeronáutico y de defensa europeo EADS y el británico BAE Systems, Les Echos se plantea cuáles son las verdaderas intenciones de Berlín, a quien París y Londres acusan de haber torpedeado la operación. En su editorial titulado “¿Qué quiere Alemania en Europa?” reconoce que la pregunta es “un tanto tabú y preocupante, porque pone en duda la sinceridad del discurso europeo de Berlín”. El diario económico revisa una serie de señales que atestiguan, a su juicio, que el compromiso europeo por parte de Alemania se basa más en palabras que en hechos.

En primer lugar, se ha debatido mucho acerca del compromiso europeo de Alemania durante todo el culebrón inacabado de la crisis de la zona euro. [...] Tras tres años, los esfuerzos para poner en marcha instrumentos de solidaridad financiera se han topado con los rechazos, los bloqueos, las tergiversaciones y las reticencias de Berlín en numerosas ocasiones.

Lo mismo se aplica, según el editorialista, con respecto a la Europa de la energía, cuando “Alemania decida abandonar la energía nuclear, sin haber establecido ningún acuerdo con sus vecinos, la decisión unilateral se dejará sentir ampliamente sobre todo el continente".

En definitiva, el último episodio de “la Europa de la defensa fracasa por las reticencias alemanas”.

El veto alemán arruina ese gran sueño europeo y vuelve a sumir el británico BAE en una vía muerta estratégica. Para colmo, quizá la única manera de solucionarlo sea que Boeing asuma el control [de EADS], lo que haría que el fracaso fuese a su vez humillante.

En Alemania, Die Zeit se toma el fracaso con filosofía: “Todo el barullo que se ha montado en torno a EADS y BAE muestra, sobre todo, hasta qué punto las fusiones en Europa se ven amenazadas por las diferencias culturales”. Para el semanario de Hamburgo, las reticencias alemanas de última hora son únicamente una explicación superficial del fracaso: “Rousseau tiene la culpa”.

La dificultad de fusionar dos empresas como EADS y BAE tiene su origen en el siglo XVII. En aquel entonces, Francia e Inglaterra desarrollaron dos concepciones muy diferentes con respecto a la propiedad.

Francia, al más puro estilo de Rousseau, considera que una gran empresa debe estar sometida al interés general y rechaza abandonar su parte de EADS (un 22,5%, de los que el 15% es de participación pública). Los británicos, discípulos fieles de John Locke, abogan por una propiedad privada fuerte que mantenga el interés general y habrían llegado al acuerdo de conceder, en contra de sus sentimientos, un 9% de la empresa resultante tras las fusión a los franceses. El resultado:

Como siempre ocurre en la historia, los alemanes dicen que no hay que ser menos que los franceses y [...] reivindican también un 9% de la empresa.