“Grunwald transformó a un territorio periférico como Polonia en centro europeo”,escribe Polska en su portada. Hace exactamente seis siglos, la flor y nata de los caballeros armados de Europa se enfrentó cerca de la aldea de Grunwald en lo que resultó ser una de las mayores batallas de la Edad Media. Apoyadas por ejércitos de caballeros de Europa Occidental, las fuerzas de la Orden Teutónica cayeron derrotadas ante las huestes polaco-lituanas del rey polaco Jagiełło [Vladislao II Jagellón]. Los checos y los rutenos combatieron también en el bando polaco. “Se trató de una enorme exhibición del poder de Europa Central, que en aquella época era considerada por Europa Occidental como un escenario para sus conquistas”, declaró al citado periódico Janusz Lewandowski, Comisario de presupuestos de la UE.

La victoria de Grunwald se convirtió posteriormente no solo en el mito fundacional de la Polonia independiente, sino también de Lituania, y en una “apoteosis del Estado polaco”. Sin embargo, durante mucho tiempo proyectó una sombra en las relaciones entre Polonia y Alemania (los caballeros de la Orden Teutónica eran principalmente germanos) y se utilizó con fines propagandísticos. Las autoridades polacas comunistas presentaron a los políticos de la República Federal Alemana, incluido el canciller Konrad Adenauer, como los sucesores de la política imperial de los Grandes Maestres de la Orden Teutónica. Sin embargo, hoy se cree que Grunwald es más un símbolo de unión que de división. Los presidentes de Lituania, Rumania y Moldova participarán en las celebraciones del 600 aniversario de la batalla, junto con el Gran Maestre de la Orden Teutónica, el italiano Bruno Platter. El sábado se recreará la batalla en los prados de Grunwald ante la mirada de unos 200.000 visitantes.