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"Cambio de tono", titula Kapital al describir la reciente degradación de las relaciones entre Bruselas y Bulgaria. El semanario económico de Sofía precisa que se han producido "tres serias advertencias" a las autoridades del país en sólo unos pocos días. La prueba de que, para el diario, "los problemas búlgaros no se han olvidado y de que la presión únicamente irá en aumento para que se solucione".

A principios de octubre, la comisaria europea de Estrategia Digital, Neelie Kroes, remitió una carta al primer ministro búlgaro, Boiko Borisov, preocupada por la falta de libertad de prensa. "Le pido que tome las medidas necesarias […] para que los ciudadanos búlgaros puedan beneficiarse de una prensa plural e independiente a la que tienen derecho", se recogía en ese documento. Unos días más tarde, le llegó el turno al embajador de Alemania en Sofía de "confrontar la dura realidad de los medios de comunicación búlgaros", prosigue Kapital al relatar las protestas del diplomático en una entrevista que había sido censurada en el principal diario de la capital.

Y, finalmente, el diario recuerda que Bruselas criticó abiertamente la semana pasada los nombramientos que había realizado el Parlamento búlgaro de los nuevos miembros del Tribunal Constitucional, puesto que le preocupaba "la integridad y la profesionalidad" de algunos de ellos. "La única buena noticia es que la presión de Bruselas no cede. Y lo que sería todavía mejor es que ahora diese frutos", concluye el diario.