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"ILVA cierra, 5.000 obreros despedidos", titula Corriere della Serra. Las negociaciones que definirán la suerte de la más grande acería de Europa, sometida a investigación desde que se comprobó que los niveles de polución muy elevados que se revelaron son responsables de miles de muertes en la ciudad vecina de Taranto, están en el punto más álgido desde que los jueces ordenaron el cierre de varios centros de producción y emitierion una orden de detención contra los siete dirigentes de la fábrica. Como represalia, los propietarios han cerrado la misma y despedido a casi 5.000 operarios. Una decisión que podría afectar a otros centros y extenderse a cerca de 20.000 empleos. Los sindicatos han ocupado las oficinas de la dirección de la empresa en señal de represalia.

"En Taranto, la población está dividida entre el miedo al paro y las preocupaciones sobre su salud", indica La Stampa. "Arrinconada entre los costes exorbitantes de una limpieza y una situación sociopolítica extremadamente tensa, la ciudad está bajo la amenaza de una verdadera guerra civil".

Pero las preocupaciones se extienden al ámbito nacional. "¿Cuál es el mensaje que enviamos a los que preguntan si invertir en Italia todavía vale la pena?", se pregunta Il Sole 24 ore, explicando que "la cruzada de algunos jueces no puede decidir sobre el destino de centros fundamentales para la política industrial del país". Según el diario de la federación de empresarios, la crisis de ILVA

dará nuevas fuerzas a los competidores europeos. Un regalo para los grupos franceses y alemanes. En Francia, el Estado es tan consciente de la importancia estratégica de la siderurgia, que pretende nacionalizar dos fábricas que no encuentran comprador, aunque estén consideradas como contaminantes y no competitivas. El empleo tiene que ser lo primero: lo que se defiende abiertamente en Francia, ni siquiera se puede murmurar en Taranto

En París, sin embargo,el Gobierno está librando un pulso de hierro con Arcelor Mittal, que quiere cerrar los altos hornos de Florange (Lorena). Incluso se declara listo para nacionalizar de forma temporal el centro, en el que están amenazados 630 empleos. ¿"Verdadera buena idea o misión imposible?", se pregunta Libération. El presidente François Hollande recibirá a Lakshmi Mittal el 27 de noviembre, para "convencer al patrón del grupo de ceder la totalidad del centro, tanto sus altos hornos como la transformación de acero en bruto, la parte más moderna y que todavía está en activo", explica el diario:

La presión está en un punto máximo entre el Gobierno y Mittal. A una semana de la fecha de expiración para la cesión de Florange, las amenazas llueven. El primero maneja la nacionalización si el grupo siderúrgico no cede el centro de forma integral. El segundo replica que está fuera de discusión la posiblidad de vender la totalidad de las instalaciones, inseparables de su programa industrial