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Hasta la semana anterior a las elecciones, la vuelta política de Silvio Berlusconi tras su salida del Gobierno en 2011 no era considerada como una opción seria.

Pero gracias a su campaña extremadamente agresiva, las seductoras promesas (tales como devolver el importe del muy criticado impuesto sobre bienes inmuebles) y a los errores de sus opositores, su partido PDL (Pueblo de la Libertad) ha estado a punto de ganar en la Cámara de Diputados (por una diferencia de solo 0,4%, y la mayoría relativa en el Senado por menos de un 0,6%.

Mario Monti, que le sucedió como primer ministro y que en principio iba a jugar un papel esencial, ha sido el gran perdedor de las elecciones, obteniendo únicamente un 10% de los votos.

Berlusconi ha descartado coaligarse con él, pero parece abierto a formar un "gran coalición" temporal con el centro-izquierda, pues "Italia no merece no ser gobernada", manifestó.