Islandia y China firmaron un tratado de libre comercio el 15 de abril, durante una visita oficial de la primera ministra Jóhanna Sigurdardóttir a Pekín, a donde acudió acompañada de una cincuentena de empresarios islandeses. La isla se convierte así en "el primer país europeo en concluir este tipo de acuerdo con China", recoge el Morgunbladid, para el que "esto proporciona a las empresas islandesas y a sus exportaciones una ventaja en un mercado chino en rápida expansión".

Las exportaciones islandesas hacia China "ascendieron a 7.600 millones de coronas (cerca de 50 millones de euros) en 2012, y se han doblado en dos años", refleja el diario. Un 90% de las mismas son productos del sector pesquero.

En la firma del acuerdo, los representantes de los dos países manifestaron entre otras cosas su interés por "aumentar sus intercambios y la cooperación material en el Ártico", informa EUobserver, para el que:

los expertos consideran que China se interesa por poner un pie en ese territorio y espera convertirse en observador permanente del Consejo del Ártico que se reúne el próximo mes. […] El deshielo de los casquetes polares abre la puerta a nuevas rutas comerciales que podrían reducir en un tercio el tiempo de travesía de los barcos entre Shanghái y Hamburgo. El ministro de Asuntos Exteriores islandés declaró al Wall Street Journal que ambos países debaten también la explotación de vastas reservas de yacimientos de petróleo en el subsuelo de las aguas del noreste [de Islandia].

En Ámsterdam, Trouw plantea precisamente si entre Reikiavik y Pekín "hay un amor recíproco": Islandia únicamente necesita el capital para recuperarse económicamente, y los chinos no se interesan más que por el gas, el petróleo del Polo Norte, y ven en Islandia un puerto útil para el día en que operen las rutas marítimas del Polo Norte.

A pesar de ello, "Islandia no debe sentirse amenazada por Pekín", explica en el diario un experto del Polo Norte, según el cual:

la presencia de China puede ser un buen contrapunto a la agresividad potencial de los rusos. Al mismo tiempo, una pequeña inyección financiera, por parte de Pekín, puede obrar milagros en la economía islandesa.