La publicación el 23 de abril de un informe de la Hacienda de Reino Unido sobre la moneda que Escocia emplearía en caso de que los escoceses decidiesen desligarse del resto de Gran Bretaña en la consulta popular sobre la independencia “marca el inicio de una nueva escaramuza en uno de los campos de batalla políticos más relevantes sobre los que se lidiará en el histórico referéndum del próximo año”, asegura el Financial Times.

El informe explica que si Escocia opta por la independencia, tendría que decantarse entre adherirse al euro, crear una divisa propia o mantener la libra. Esta última opción es la que prefiere el Gobierno pro-independentista del Partido Nacional Escocés. El FT prosigue:

El Gobierno escocés quiere mantener la libra, arguyendo que la unión monetaria promovería la estabilidad de los negocios y las economías de ambos lados de la frontera. Pero George Osborne, el canciller del Exchequer, ha sugerido que el Reino Unido no sería partidario de una unión monetaria al estilo de la del euro con un gobierno extranjero, incluso si dicho Estado fuese Escocia. [...] Si la libra sigue usándose en Escocia, [Alex] Salmond [actual ministro principal de Escocia] vería muy restringida su capacidad de gravar y gastar. El Banco de Inglaterra exigiría de manera acertada un grado significativo de control fiscal y normativo a cambio de asumir los riesgos de ser el prestamista de último recuso.

Para el columnista Ian Bell, de The Herald, “la disputa sobre la divisa que podría emplearse en una Escocia independiente es esencialmente política, no económica”. Así lo explica:

Escoged la independencia y esperad una unión monetaria formal, dice Osborne, y os pediremos el control sobre lo esencial de vuestra economía. De hecho, exigiremos más control que el que los alemanes ejercen sobre la eurozona. [...] En algunos círculos, eso se llama amenaza.