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Francia y Alemania se enfrentan desde hace meses sobre qué estrategia debe adoptarse para salir de la crisis, pero la tensión subió de nivel el viernes 26 de abril, después de que un documento del Partido Socialista francés sobre Europa se filtrase a la prensa.

En este borrador se denunciaba “la intransigencia egoísta” de Angela Merkel. Aunque el texto final, que debe aprobarse el 30 de abril, sea más comedido, seguirá estando lejos de la “tensión amistosa” con la que el presidente francés, François Hollande, describía su relación con la canciller alemana.

Le Figaro denuncia en su editorial esta actitud de Francia, pues a su juicio:

no hay nada más irresponsable que convertir a Angela Merkel y a la política europea de Alemania en el chivo expiatorio de los problemas que se acumulan en nuestro país [Francia]. Este cálculo, hecho en la más altas instancias de París, está hecho con un maquiavelismo corto de miras que pretende que la canciller alemana vaya por delante de las incoveniencias electorales en septiembre [las legislativas se celebran el 22] y que Alemania se vea obligada a abandonar su exigencia de austeridad para satisfacer a una Europa del Sur incapaz de reformarse.

Para Le Monde, “este pequeño juego no es simplemente infantil, sino que es extremadamente peligroso”, y lo es por múltiples razones:

En primer lugar, porque rechazar la responsabilidad de las dificultades políticas y económicas de Francia en la Unión Europea alimenta el euroescepticismo. [...] Además, aunque Merkel ponga cara de ser indiferente ante los ataques personales que recibe del sur de Europa, el asunto toma un cariz bien diferente cuando la ofensiva proviene de París.

Por parte alemana, Der Spiegel considera que este desacuerdo de la pareja franco alemana obstaculiza la salida de la crisis:

Francois Hollande pone sus esperanzas en un nuevo Gobierno tras las elecciones legislativas alemanas, que se mostrará más abierto y dispuesto a llegar a acuerdos. No espera ya nada del Gobierno actual. Un año después del comienzo de la presidencia de Hollande, la relación franco-alemana todavía es peor de lo que los más pesimistas de ambos países habían vaticinado. Berlín y Paris no están de acuerdo en casi ninguna de las decisiones políticas sobre cómo superar la crisis.