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"Una oferta francesa para Europa, ¡por fin!": Le Monde celebra la orientación europea mostrada por el presidente francés en su conferencia de prensa del 16 de mayo.

Ha sido una misiva. Dirigida a los europeos y a Alemania. En su conferencia de prensa, François Hollande ha abandonado finalmente el disimulo y la política de la silla vacía europea que practicaba desde su elección. [...]afirmando que Francia debía servir de "enlace" entre el norte y el sur de Europa, el jefe de Estado francés renuncia a federar a los países latinos contra la Europa germánica.

Por otra parte, el diario afirma que al hacer llamamiento "a un gobierno económico" en la zona euro,

François Hollande toma la palabra a Angela Merkel, que propuso hace un año una unión política. Entonces, él criticó una propuesta vacía. Ahora, le da un "contenido". Tomar al pie de la letra a los alemanes, es una buena estrategia. Hay nuevamente una oferta francesa en la mesa europea. ¡Por fin! pero esta solo será creíble si Hollande pone orden en casa.

En Alemania, las declaraciones de François Hollande han sido recibidas con mucho menos entusiasmo. [Así, Die Welt estima] (http://www.welt.de/debatte/kommentare/article116287746/Sarkollande-braucht-Merkel-als-Punching-Bag.html) que su “ supuesta ofensiva contiene esencialmente medidas que su predecesor ya había presentado", se trate de un

gobierno económico europeo que Sarkozy [pidió] (http://www.lexpress.fr/actualite/economie/sarkozy-veut-un-gouvernement-economique-europeen_626431.html) en octubre de 2008 ante el Parlamento Europeo de Estrasburgo, o la idea de las obligaciones europeas que por razones tácticas Hollande ya no llama eurobonos, para que los alemanes acérrimos las puedan aceptar un día.

En lo que se refiera a su mensaje hacia Alemania, Die Welt afirma que es preciso interpretar la actitud de Hollande, consistente en "echar pestes notoriamente contra la austeridad alemana no solamente como un posicionamiento ideológico, sino también como una medida táctica":

presentándose como el que lucha contra el espectro del diktat de la austeridad al estilo Merkel, intenta ganar un margen de maniobra para poder, en el mejor de los casos, aprobar reformas impopulares. Angela Merkel debería por tanto ayudarle y servir de punching-ball europeo durante algo más de tiempo.