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La Levenseindekliniek, la ‘clínica para poner fin a la vida’, que acoge desde marzo de 2012 a las personas a las que el médico que les trata no quiere tramitar su petición de eutanasia o de suicidio asistido, duplica su capacidad.

A partir del mes de junio, 30 equipos, con un total de 60 médicos, podrán ayudar a las personas que sufren dolores insoportables e incurables, tal y como se recoge en la ley de 2001 sobre la eutanasia.

La lista de espera que existe ahora en la clínica (de entre uno y seis meses), y en la que figuran 180 neerlandeses, se verá reducida a cuatro semanas como máximo.