Mientras los medios de comunicación suecos hablan de los disturbios que sacuden Husby, en la periferia de Estocolmo, omiten hacer referencia a que más del 80% de los habitantes de Husby no son de origen sueco, puntualiza Politiken.

Ahora bien, el diario danés de centro-izquierda considera que el hecho de que ciudades enteras vivan en una “cultura paralela lejos de la élite sueca” no es algo que carezca de importancia. El debate sueco sobre la situación de los barrios más pobres recuerda “de forma preocupante” a la que vivió Dinamarca a finales de los años noventa del siglo pasado, continúa el diario. En aquel momento, explica:

El centro-izquierda dejó durante mucho tiempo que las críticas a una política de integración que fracasó las realizasen las voces más extremas del Partido del Pueblo Danés. En lugar de afrontar dichos problemas, se los tildó de indecentes pues beneficiaban al Partido del Pueblo Danés.

Hoy, a juicio de Politiken, el centro-izquierda sueco tiene que comprender que “la inmigración plantea desafíos para el estado de bienestar y que hay que debatirlos abiertamente”.