“Con Lech Walesa, es la persona mas estimada en el proceso de transformación de Polonia”, escribe Gazeta Wyborcza tras la muerte, a la edad de 86 años, de Tadeusz Mazowiecki, que desempeñó en primer lugar el puesto de primer ministro tras la caída del régimen en 1989 y co-organizador de las negociaciones que reunieron al Gobierno y al sindicato Solidaridad para calmar las crecientes tensiones sociales.

Tadeusz Mazowiecki estuvo libre de todas las tentaciones corruptoras del poder y fue ciertamente el mejor primer ministro de toda la historia polaca. Hombre de principios, ajeno a todo oportunismo, sentó durante los 14 meses de su mandato las bases de un Estado soberano y democrático, asegurado la frontera con Alemania, iniciado las primeras elecciones libres, apoyado la terapia de choque de Balcerowicz, [un polémico plan de transformación rápida de la economía comunista en economía capitalista] de la que asumió la entera responsabilidad, un compromiso que pagó más tarde en las urnas. En el escrutinio presidencial [en 1990], no reunió suficientes sufragios para pretender un segundo mandato pero entró en la historia.

El diario de Varsovia subraya que “todo fue logrado por un hombre que sin embargo fue criticado por haber sido demasiado tímido y demasiado prudente. Su calma, su prudencia y su sentido político fueron confundidos con frecuencia con la lentitud. Estas cualidades no solamente seducen sino que son necesarias entre las figuras [políticas] polacas”.

En París, Le Monde titula “Mazowiecki o cuando Europa cambió de dirección...”. El diario rinde homenaje al papel que el ex primer ministro jugó en ”la banalización de la vida democrática”:

“Europa acaba de perder a un hombre notable. [...] Fue un abogado infatigable de la integración de Polonia en una Europa unida, y ya no dividida. El representante de una de las causas más nobles del siglo XX. El pertenecía intelectualmente, moralmente y políticamente a esta Europa. El lugar que ocupa hoy Polonia en la Unión Europa, diez años después de su adhesión, es una prueba brillante de la justicia del combate llevado a cabo en los años 80 por Tadeusz Mazowiecki y los opositores polacos alrededor de Lech Walesa.”