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Las conmemoraciones de las víctimas croatas en la caída de Vukovar, conquistada por el ejército yugoslavo pro-serbio el 18 de noviembre de 1991, tras un sitio de tres meses, se han convertido este año en un escándalo político, revelando las profundas divisiones que marcan al país, dieciocho años después del fin de la guerra.

Así, informa Jutarnji list, asociaciones de antiguos combatientes impidieron al presidente, Ivo Josipovic, y al primer ministro, Zoran Milanovic, que se encontraban a la cola del cortejo, su participación en las ceremonias. Reunidos en el seno de la asociación “Protección del de Vukovar croata”, protestaban contra el proyecto del Gobierno socialdemócrata de imponer una señalización en alfabeto latino y cirílico para los croatas y serbios en los edificios públicos de la ciudad.

El diario, que titula en portada “Humillados”, ante la foto de los líderes croatas, muestra su indignación :

en ninguna parte del mundo, los veteranos de guerra tienen derecho de reemplazar al poder legítimamente electo: el ejército debe ser separado de la política, sea el ejército nacional o el formado por los antiguos combatientes. Fundar su poder y su influencia políticia sobre méritos de guerra no puede llevar sino a la sustitución de la democracia por un derrocamiento ilegítimo del poder y al caos.

Por otra parte, el diario acusa el líder del principal partido de oposición, la Unión Democrática Croata(HDZ), Tomislav Karamarko, que participó en la marcha de antiguos combatientes, de “guiar un grave proyecto de derrocamiento del poder”.

En Rijeka, su homólogo Novi List también se muestra contundente, evocando un “golpe de Estado”, y señalando que

Croacia no había vivido una humillación tal desde la agresión serbia.

24 Sata habla, por su parte, de una “vergüenza inaudita”, tanto

para el Comité de Defensa de Vukovar croata […] como para el poder, que mostró, al retirarse, que es débil, dubitativo y carente de valentía.