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“¿Tiene salvación Europa?” Así comienza The New York Timesuna serie de artículos del suplemento del domingo sobre las tribulaciones económicas de Europa, empezando con un ensayo escrito por Paul Krugman. “El hecho de que la actual crisis europea empezase en Grecia resulta peculiar”, escribe el premio Nobel de Economía, “ya que los males por los que atraviesa Europa tienen todos los rasgos de una tragedia clásica griega en la cual un hombre de carácter noble se pierde por su desmedido orgullo.” El orgullo desmedido de Europa radica en la creación del euro, explica Krugman, “considerado el momento álgido de una noble y gran hazaña: el largo esfuerzo de muchas generaciones por establecer la paz, implantar la democracia y compartir la prosperidad en un continente frecuentemente castigado por las guerras. Sin embargo, los artífices del euro, contagiados por el romance y el encanto de su proyecto, optaron por ignorar las dificultades rutinarias que podría acarrear una moneda común. Además, ignoraron las advertencias, emitidas desde el principio, según las cuales Europa carecía de las instituciones necesarias para establecer una moneda común. Por el contrario, se dejaron embaucar por sus ilusiones y actuaron como si la nobleza de su empresa transcendiese tales preocupaciones”.

El jefe de la redacción en París, Steven Erlanger, coloca a la “extraña pareja” al frente de lo que Krugman denomina la “eurocrisis”: la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy. “En privado, ella se ríe de su forma de hablar y de andar, de sus gestos compulsivos y rápidos, de sus muecas. Él se mofa de su parsimonia, de su reticencia, de su cautela matronil… Son la mejor esperanza que tiene Europa si desea permanecer unida, aunque mutuamente no simpaticen”. Sin embargo, para que funcione la UE, “es necesario que Sarkozy y Merkel se lleven bien.”