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“Lo barato cuesta”: tras el escándalo de la dioxina hallada en huevos y carne en Alemania, ahora Der Freitag pasa revista a la “comida nociva” [comida basura]. Es indiscutible, los alemanes siempre han destinado muy poco dinero a su alimentación, concretamente el 11% de su presupuesto, muy por debajo de italianos y franceses. “Los alemanes son bastante democráticos comiendo —explica el semanario berlinés—. No convierten sus hábitos alimenticios en símbolo de ostentación exterior, de ahí que se vean abrigos de piel en la caja de Aldi si el champán es bueno.” Sin embargo, matiza la publicación, no se puede acusar a los consumidores que se decantan por productos más baratos de provocar “la mezcla de ácidos grasos destinados a la producción de papel con los piensos para animales”. Es el propio sistema el que está en tela de juicio: las grandes superficies presionan a los agricultores para que abaraten todavía más la producción, fenómeno, apunta el diario, alimentado por la UE y las subvenciones a la agricultura intensiva en Europa Occidental.