Barbara Spinelli, ahora miembro del Parlamento Europeo, e invitada habitual en este sitio web, regresa esta vez como eurodiputada para analizar la función de esta asamblea y el modo de salir, tal y como expone en La Stampa “del estado de postración, de apatía, de regresión nacionalista en el que ha caído el proyecto de unificación” europea.

La antigua editorialista de La Repubblica cita en este caso cuatro aspectos que pueden contribuir a salir de esta situación.

En primer lugar, haciendo referencia a las políticas de austeridad, expone que

al igual que sólo salimos de la melancolía sobrellevándola (y en este caso, lo que paraliza a Europa es una melancolía especial), es decir, haciendo que del humor negro surja un nuevo conocimiento y una nueva conciencia, también saldremos de la crisis europea transformando la conciencia de sus propios límites en una conciencia clara y precisa, meticulosamente atenta a la realidad de los hechos y a los efectos que tienen en ella las doctrinas económicas fosilizadas.

Por otro lado,

lo segundo que aprende casi de inmediato el aprendiz de eurodiputado, al actuar en la institución más democrática de la Unión, es el poder efectivo que ejerce el Parlamento, claramente más extenso y determinante de lo que piensan muchos políticos, observadores e incluso los electores. […] Actualmente, sus poderes son muy amplios, aunque sean pocos los que lo sepan o aunque lo sepan y se lo oculten a sí mismos y a los ciudadanos.

La tercera lección que ha aprendido la recién estrenada eurodiputada en este mes y medio de actividad es que

las mayorías parlamentarias que se forman en Bruselas conocen perfectamente sus poderes, pero la mayor parte del tiempo sencillamente no los utilizan y en raras ocasiones reclaman otros poderes. […] El Parlamento no ha ejercido su control sobre la Troika, sobre el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera ni sobre el Mecanismo Europeo de Estabilidad. Corre el riesgo de no hacerlo sobre la Unión Bancaria y apenas ha protestado sobre la reducción de los recursos propios de la Unión, para volver a sumirse en el silencio. No ha alzado la voz sobre las políticas de austeridad que han doblegado a países como Grecia, ni ha luchado contra el pacto fiscal.

Por último, Spinelli desafía a sus compañeros: en su opinión, ha llegado la hora

de poner fin a la falsa conciencia que sufren muchos eurodiputados, tanto de derecha como de izquierda. La idea que tienen del futuro de su institución es pasiva, resignada y no tiene ningún efecto. El Parlamento debe asumir nuevos poderes […], pero esperan que se los concedan los Estados-naciones y el Consejo, de buen grado y de forma espontánea.

“Y no lo harán nunca”, afirma Spinelli. Por ello, “el Parlamento es quien debe apropiarse de los poderes que necesita para ampliar la democracia europea”.