El ataque terrorista de Copenhague respondió el mismo patrón que los de París en enero. Además, se puede establecer un paralelismo entre estas tragedias y otro evento que aparentemente pertenece a otra lógica.

De hecho, los asesinos de Charlie Hebdo y el asesino Anders Behring Breivik se asemejan en "su frialdad, su brutalidad y [...] la elección de sus víctimas", escribe la escritora y periodista noruega Asne Seierstad en las columnas de Libération. Pero la principal característica común de los hermanos Kouachi y de Brevik, que mató a 69 socialdemócratas jóvenes con un arma semiautomática en la isla noruega de Utoya en 2011, es la estrategia:

Los extremistas y terroristas, cada uno en su rincón de Europa, se parecen en la esperanza de transformar la sociedad a través de la violencia contra la población civil. Y en la difusión del miedo a través de la violencia.

Seierstad advierte contra las diferentes formas de tomar distancia de cada agresor. Cuando se supo que los ataques de Utoya no eran obra de islamistas sino de un noruego, la explicación pasó de "la política a la psicología, con el fin de declararnos en buena salud." Si bien este tipo de racionalización no apareció después de los atentados en París:

Algunos grupos desean que la culpa sea colectiva. Hacer de los musulmanes los responsables. En el peor de los casos, las líneas de oposición se endurecerán, los musulmanes de Europa se alienarán aún más, y la diferencia entre nosotros y ellos se ampliarán aún más. Esto, a pesar del hecho de que los terroristas representan una visión del Islam que rechaza la gran mayoría de los musulmanes. Como blanco, supuestamente cristiano, la culpabilidad de Breivik fue individualizada. Aunque pertenezca, también él, a una corriente extendida por toda Europa.

Al contrario, hay que destacar que los terroristas tenían una cosa en común en ámbito psicológico: "su sentido de alienación con respecto a su propia sociedad. La sensación de no pertenencia a la comunidad. Padres ausentes, lazos sociales débiles". En respuesta, "tenemos que preguntarnos lo que hay en nuestra sociedad que pueden contribuir a crear el terrorismo.":

Obviamente, no podemos explicar el terror por infancias infelices. Sin embargo, los estudios muestran que los criminales violentos han tenido casi todos una infancia difícil. No es algo que resulte despreciable. Se trata de determinar qué tipo de sociedad queremos crear juntos.

La elección de víctimas "implicadas en el debate político" y que creen "que debe convencerse al oponente, no obligarle a estar de acuerdo." Según Seierstad, el reto lanzado por este tipo de ataques reside en aumentar la calidad democrática y la humanidad y primarlas sobre las divisiones sociales, pero sin ser ingenuos acerca de las posibles consecuencias.