Hace un año, una ola de protestas desencadenada por la pobreza y el desempleo recorrió Bosnia, escribe Buka, una revista de Banja Luka, municipio de la Entidad Serbia de la República de Bosnia. Desencadenadas las protestas en el municipio de Tuzla, "las manifestaciones se extendieron rápidamente al resto del país". Ayuntamientos y ministerios fueron incendiados por ciudadanos hartos del inmovilismo, la corrupción y la paralización económica en la que el país se había hundido. Como recuerda Buka, según Eurostat, Bosnia comparte con Albania el título poco envidiable de ser el país más pobre de Europa: "el poder de adquisición representa un tercio de la media europea, sólo uno de cada dos habitantes en edad de trabajar está en activo, y de estos, un tercio no tiene empleo".

En cuanto al Gobierno, añade la publicación,

ya sea a nivel nacional o local, no hay una estrategia para el desarrollo del país ni se respeta el pacto para el crecimiento y el empleo impuesto por la Unión Europea, el cual, además, no ha dado los resultados esperados. Bosnia se encuentra entre la espada y la pared, viviendo un conflicto parecido al que opone a los países del norte de Europa con los del sur: encadenados por el dogma de la austeridad y demasiado endeudados como para llegar a financiarse en los mercados.

Los comités ciudadanos que dieron vida a las protestas del 2014 han desaparecido o han sido integrados en movimientos más "institucionales".

Ante esta situación, los partidos populistas de derechas, en el poder actualmente tanto en la Federación Croato-Musulmana como en la Entidad Serbia, se encuentran estancados, hace notar Buka, porque

el único medio de conseguir la paz social sería el de obtener otros créditos de prestamistas internacionales a un coste exorbitante, solución que haría la vida insostenible. Lo que hace pensar que manifestaciones parecidas a aquellas de febrero del 2014 están cada vez más próximas. Y el Gobierno no tendrá opción, ya que ante una disminución de los ingresos se verá obligado a recortar el gasto público.[...] Al final, aquellas manifestaciones en las que han participado trabajadores y pequeños empresarios podrán crecer y convertirse en masivas. Los intelectuales de derechas consideran que Bosnia y Herzegovina solo se podrá salvar con reformas radicales, como la transferencia de poderes de los dirigentes políticos a operadores privados, que con la liberalización de la economía, podrían relanzarla. Pero para que este plan se lleve a cabo hace falta tiempo, y hoy, Bosnia no puede permitirse esperar.

A esta difícil situación económica se ha añadido un elemento desestabilizador imprevisto, a la vez que inquietante: la llegada de la organización del Estado Islámico (EI). Así lo cuenta un reportero del diario italiano La Stampa, que se ha desplazado a la localidad de Gornja Maoča. "Limpiado" de su población serbia durante la guerra, este pueblo del este de Bosnia se ha convertido en un feudo del salafismo. Los muyahidines que se instalaron después de la guerra aplican la sharia y, recientemente, se han podido ver banderas del Estado Islámico en los balcones y ventanas, antes de que la policía las haya quitado.

Gornja Maoča es "una base" para los musulmanes de los Balcanes que quieran unirse a las filas del Estado Islámico, explica por su parte la publicación suiza Le Temps. Según estimaciones oficiales citadas por La Stampa,

130 bosnios han partido para combatir en Siria e Irak junto al Estado Islámico, y al menos una treintena habría muerto. Sin embargo, se trataría de cifras optimistas, para no provocar el pánico.

Para Le Temps, "Bosnia ha vuelto (de nuevo) a ser una tierra de misión" para los reclutadores de la yihad. Durante la guerra,

el país fue uno de los primeros destinos de la nueva yihad 'global' que se extendió después de la guerra de Afganistán, pero la 'marca' islamista no tuvo éxito, pues la tradicional tolerancia propia del Islam balcánico sirvió de anticuerpo, y la Comunidad islámica de Bosnia-Herzegovina permaneció como una institución respetada. La salvaguarda de una tradición particular del "Islam europeo" de los Balcanes ya no se sostiene. El reto es mayor porque las comunidades islámicas de los Balcanes ocupan una posición estratégica esencial en la ruta que lleva a Oriente Próximo, mientras, las redes de la diáspora se extienden por toda Europa.

La llamada a la yihad es una consecuencia directa de la situación económica, afirma al diario de Ginebra el responsable de una ONG local: "Con el paro endémico que atraviesa la región, el Islam es a menudo la única salida a la miseria social".