Las directivas sobre la naturaleza de la UE son en muchos países europeos el único recurso legal para la protección del medio ambiente, escribe George Monbiot en The Guardian. Pero, de acuerdo con el ambientalista británico, la Comisión Europea ha propuesto reformas perjudiciales para estos proyectos de ley, que consisten en la Directiva sobre las aves y la Directiva sobre hábitats. Su reforma pondría "en peligro mortal" a un "sistema de protección fiable pero a veces excéntrico" por complacer a los grupos de presión industriales que han hecho campaña a favor de una regulación medioambiental más laxa.

La Comisión Europea abandonó recientemente su propuesta para una Directiva marco sobre el suelo bajo la presión del lobby de la agricultura y del Gobierno británico. En caso de que una capitulación parecida ocurra con las directivas sobre la naturaleza, Monbiot argumenta que "no va a ser obvio lo que la permanencia" en la UE tenga que ofrecer a los ecologistas, y ello hará que la defensa contra el Brexit sea mucho más problemática.

Aunque Monbiot no va tan lejos como para abogar por una salida de la UE, en lugar de eso insta a los lectores a contribuir a la consulta pública sobre las directivas de la naturaleza (ahora cerrada). Su posición confirma la creciente insatisfacción con la UE en los medios de comunicación de izquierda en el Reino Unido, sobre todo a la luz de las negociaciones sobre el TTIP y la crisis de Grecia

La amenaza a las directivas no surge de una demanda de las empresas en su conjunto, sino de la presión de dos de las industrias más destructivas en la UE, la agricultura intensiva y la construcción. Que la Comisión Europea haya optado por escucharlos sin tener en cuenta las opiniones de los demás explica los errores en esta cuestión. Así que cuando llegue el referéndum, me voy a encontrar en un dilema inesperado. Soy un internacionalista. Creo que es esencial que las cuestiones que trascienden las fronteras nacionales se abordan en conjunto. [...] No siento nada en común con los euroescépticos de la derecha, que ven a a la UE como un ente que interfiere con su derecho divino para explotar a otras personas y destruir su entorno. [Tengo] la sensación de que debería unirme a la defensa de esta institución contra las fuerzas reaccionarias, pero también de que ha sucumbido tan catastróficamente a esas fuerzas que no queda casi nada que defender.