“El Gobierno neerlandés se ha disculpado por sugerir que se expulsaría de los Países Bajos a los polacos desempleados”, informa con satisfacción Gazeta Wyborcza a tenor de las declaraciones del ministro de Trabajo neerlandés, Henk Kamp, quien, a mediados de febrero, afirmó que los “inmigrantes en paro y sin techo de Europa del Este deberían volver a sus países de origen y, en caso de no querer hacerlo, deberían ser expulsados”. Estaba claro que el señor Kamp se refería a los polacos, que constituyen, con diferencia, el grupo más numeroso de los entre 160.000 y 200.000 inmigrantes que residen en los Países Bajos por motivos económicos. Según cifras oficiales, en algunos albergues sociales, el 40% de los usuarios son de esta nacionalidad. “Cada vez más políticos recurren a eslóganes populistas, afirmando que los polacos están inundando el mercado laboral neerlandés”, apunta el diario de Varsovia. La reacción oficial desde la capital polaca ha sido firme y no se ha hecho esperar. Según Wyborcza, Uri Rosenthal, ministro neerlandés de Asuntos Exteriores y asesor del primer ministro, Mark Rutte, aseguró al ministro europeo, Mikołaj Dowgielewicz, que las palabras del señor Kamp “no responden a la política oficial sino a una iniciativa propia”. La intervención polaca ante la vicepresidenta y comisaria de Justicia de la Comisión Europea, Viviane Reding, también ha surtido efecto, ya que ésta recordó a La Haya el 25 de febrero su obligación de cumplir con los principios de libre circulación e igualdad de derechos para todos los Estados miembros de la UE. “Parece ser que las declaraciones del señor Kamp formaban parte de la campaña previa a las elecciones locales que tendrán lugar el 2 de marzo en los Países Bajos”, concluye la Gazeta Wybor