"Francia paraliza los trenes provenientes de Italia", constata el diario Corriere della Sera. El pasado 17 de abril, las autoridades francesas negaron el paso de la frontera a los trenes, aludiendo a posibles riesgos de alteración del orden público. Los inmigrantes tunecinos ocuparon las vías en la localidad de Ventimiglia y planearon coger un "tren de la dignidad" con activistas italianos y franceses. El tráfico ferroviario no se restableció hasta que se consultó al embajador de Francia en Italia, y París dejó pasar a los inmigrantes cuestionando la validez de los visados temporales expedidos por las autoridades italianas.

“Detrás de este ‘miserable’ enfrentamiento diplomático, se encuentra el choque de populismos gemelos", considera Bernardo Valli en las páginas del diario la Repubblica. "En Roma, el Gobierno depende de un partido xenófobo [la Liga Norte], que ostenta el Ministerio del Interior", mientras en Francia, la reelección de Nicolas Sarkozy en 2012 se pone en duda ante la creciente atracción de sus votantes hacia el Frente Nacional. El resultado, Roma y París "juegan con los inmigrantes como si fuesen una desgracia, como si fuesen objetos que pudiesen hacerles perder votos".

"¿Adiós a Schengen?"

El principio de libre circulación en la UE es la otra víctima de esta desavenencia. "¿Adiós a Schengen?", plantea el diario El País en su editorial. El periódico madrileño lamenta que "Francia bloquea el acceso de inmigrantes árabes violando el acuerdo de libre circulación". Por su parte, el presidente del Consejo Europeo Herman Van Rompuy ha realizado "un blando llamamiento a la calma, pidiendo que no se exagerara el alcance de la crisis". Pero, según El País, " se equivocaba de crisis porque por difícil de manejar que sea el asunto de la inmigración ante opiniones -sobre todo del sur de Europa- crecientemente contrarias a admitir más visitantes en tiempo de dificultades económicas, lo verdaderamente grave es que Francia haga de su capa un sayo y viole los acuerdos contraídos, como ocurre con el protocolo de Schengen".

"La Unión Europea no atraviesa, de toda evidencia, por el mejor momento de su historia, como atestigua su inane y solo retórica reacción ante las revueltas democráticas del mundo árabe", concluye El País. Ello "da lugar a una política puramente bilateral de los Estados, contraria a la construcción europea". "Y si ahora cae Schengen, habrá que preguntarse para qué existe la Unión de los Veintisiete".