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“Documentos secretos revelan un vínculo entre las empresas petrolíferas y la invasión de Irak,” titula The Independent, que descubre una connivencia entre el Gobierno británico y la industria del petróleo en los prolegómenos de la invasión de Irak de 2003. Las actas filtradas de una serie de reuniones entre ministros y ejecutivos de estas empresas no “concuerdan con las declaraciones de las compañías petrolíferas y los Gobiernos occidentales realizadas en aquel momento que desmentían públicamente actuar en base a intereses propios”, reseña London Daily. Una de las actas revela que a finales de 2002, la baronesa Symons, la entonces ministra de Comercio, le dijo a la multinacional del petróleo BP “que el Gobierno creía que las empresas energéticas británicas deberían beneficiarse de las enormesreservas de gas y petróleo que posee Irak, como recompensa por el compromiso militar mostrado por Tony Blair con los planes de EEUU a favor de un cambio de régimen político”. Mientras BP afirmaba públicamente que no tenía "ningún interés estratégico" en Irak, dicha empresa comunicó en privado al Ministerio de Relaciones Exteriores que lo de Irak era "más importante que cualquier otro asunto que hayamos tenido entre manos en mucho tiempo".