Tras alcanzar su límite con ocasión de la guerra en la exYugoslavia, la tradición europea de acoger a refugiados está desapareciendo, presionada con fuerza por los movimientos populistas. El analista José Ignacio Torreblanca manifiesta su opinión al respecto:

"Un dato ilustra a la perfección hasta qué punto Europa se dirige al abismo de la xenofobia: la supresión de controles internos entre los Estados miembros de la Unión Europea se puso en marcha en 1995 cuando, como consecuencia de la guerra de Yugoslavia, Europa tenía que hacer frente a una inmensa ola de más de 600.000 refugiados. Solo Alemania se hizo cargo de 345.000 personas, en un esfuerzo poco conocido y mucho menos reconocido, pero otros países también estuvieron a la altura: Austria acogió a 80.000, Suecia 57.000, Suiza 25.000, Países Bajos 24.000 y Dinamarca 20.000."

"Nadie se echó atrás entonces ni dudó de que la supresión de controles fronterizos fuera una buena idea. Ahora, sin embargo, unos pocos jóvenes provenientes del norte de África y la perspectiva de una derrota electoral ante la ultraderecha han puesto en fuga a Sarkozy y a Berlusconi, dirigentes de dos de los países más prósperos del mundo."

"En la Unión Europea hay 20 millones de inmigrantes no comunitarios, lo que representa apenas un 4% de la población. Con la excepción de Estonia y Letonia, que tienen importantes minorías rusas no nacionalizadas, ningún país pasa del 8% de inmigrantes no comunitarios. Para empeorar las cosas, esta Europa a veintisiete que quiere impartir lecciones de democracia y solidaridad a todo el mundo solo tuvo a bien en 2010 aprobar 55.100 solicitudes de asilo."

"Que París y Roma hayan querido engatusar a Bruselas ofreciéndole más competencias entra dentro de lo comprensible. Pero que la Comisión Europea, que es la guardiana de los tratados, haya estado dispuesta a vender tan barato un principio clave de la construcción europea como es el de la libre circulación de personas resulta verdaderamente preocupante."