El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, presenta el 4 de octubre los resultados de estas “pruebas de resistencia” sobre la seguridad de los 134 reactores nucleares ubicados en la UE. Estas comprobaciones se han llevado a cabo tras la catástrofe de Fukushima, en marzo de 2011, y sacan a relucir muchas deficiencias, por lo que se calcula que, para subsanarlas, las centrales del viejo continente deberán acometer obras por valor de entre 10.000 y 25.000 millones de euros. Estas conclusiones ya suscitan airados debates entre los Estados miembros.

Le Monde refleja la "tensión entre París y Bruselas", dado que Francia, el país productor europeo más importante de energía eléctrica nuclear a través de sus 19 centrales y sus 58 reactores, sale particularmente mal parado en el informe de la Comisión:

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Se recuerda que tanto los equipos de emergencia como los grupos electrógenos no están lo suficientemente protegidos ante elementos externos en caso de que se produjese una catástrofe natural en Francia [...] En definitiva, las centrales francesas carecen de instrumentos de medición sísmica. [...] Las autoridades francesas han tratado de atenuar el alcance de las conclusiones. [...] En París, se desconfía de cualquier intento de centralización por parte de Europa en lo que concierne a la normativa nuclear. [...] Las autoridades francesas también cuestionan si las conclusiones de esta medida avivarán el debate sobre el abandono de la energía nuclear.

En Países Bajos, el diario Trouw añade que Borssele “ha suspendido la prueba de seguridad”.

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La central nuclear de Borsselle [...] no cumple las exigencias internacionales de seguridad con respecto a los riesgos de inundación. [...] Además, la central no está lo suficientemente protegida frente a terremotos.

Sin embargo, “el resultado de Borsselle no está tan mal si se compara con otras centrales de Europa”, recoge el diario, que no se refiere únicamente a “una superpotencia como Francia”, sino también a centrales en Europa del Este y a las cuatro instalaciones ubicadas en Finlandia y Suecia, en las que el sistema de refrigeración de emergencia no cumple las normas por lo que “conlleva el riesgo de que se repita lo que pasó en Fukushima (un meltdown)”. La Comisión, sin embargo, ha felicitado a Bélgica por su manera de “comunicar las deficiencias de las centrales de Doel y de Tihange”, según explica en una entrevista concedida a Trouw un universitario que ha ayudado a la Comisión. Este verano ambas centrales se cerraron por haberse detectado fisuras en las vasijas de los reactores. El informe de la Comisión no menciona este problema, porque “la prueba no abordaba ese aspecto”. En Berlín, Die Welt considera que “el verdadero escándalo reside en la impotencia de la UE”. El diario se indigna de que la Unión haya necesitado que un grupo de expertos trabaje durante meses verificando una a una las centrales del continente, cuando “los datos estaban ya hace tiempo sobre la mesa. Hubiese bastado con una llamada al Organismo Internacional de Energía Atómica [OIEA]”. Además,

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Que las personas encargadas de llevar a cabo las pruebas de resistencia se hayan encontrado abierta y repetidamente con impedimentos por parte de los Gobiernos o de las empresas energéticas a la hora de examinar una central da una idea clara de la verdadera voluntad de transparencia que algunos Estados miembros mantienen con respecto a la energía nuclear. De este modo, una prueba de resistencia sigue siendo inevitablemente un remiendo. [...] Bruselas, que regula hasta el más nimio detalle de banalidades del día a día, no tiene competencia en cuestiones existenciales y paneuropeas como la seguridad nuclear y el almacenamiento de los residuos nucleares.