“Europa por fin controlará sus bancos”, se alegra Le Monde tras el acuerdo firmado en la madrugada del 13 de diciembre por los ministros de Finanzas de la UE. “Un acuerdo unánime e histórico sobre la supervisión de los bancos europeos a partir de 2014.” El texto prevé la supervisión directa del Banco Central Europeo “de los establecimientos con activos superiores a los 30.000 millones, que representen más del 20% del PIB del país de origen o que se beneficien de la ayuda europea”, explica el diario. Esto atañe a entre 150 y 200 bancos de los 6.000 establecidos en la Unión.

En su editorial, el diario alaba “el gran salto hacia delante de la unión bancaria cuyo fin no es hacer imposible la guerra, sino la muerte del euro”:

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Cuando los bancos españoles amenazaron con hundirse en la primavera de 2012, se impuso la idea de una unión bancaria: para salvarse ellos mismos, los europeos a los que no les había afectado la crisis debían rescatar directamente a las entidades en crisis. Los alemanes exigieron, y con razón, la supervisión previa de las entidades de crédito por parte del BCE. Esta primera etapa acaba de superarse. [...] La supervisión no es sino una condición previa, que debe ir acompañada de un mecanismo europeo de gestión de las crisis y del reflotamiento. [...] La garantía de los depósitos europeos constituiría la coronación de la unión bancaria. Y aunque es lo deseable, Berlín lo rechaza. Por eso es algo tan lejano como la unión federal.

Para el redactor jefe de Europa de la BBC, Gavin Hewitt, el acuerdo de los ministros de Finanzas es “otro ejemplo de cómo con la crisis de la eurozona se está forjando una nueva Europa, no tanto por elección, sino por necesidad, para sobrevivir. Pero el camino emprendido causa malestar y no sólo en Gran Bretaña”. En Alemania, el diario económico Handelsblatt estima que el acuerdo es una “muy buena noticia”, sobre todo para los contribuyentes de la eurozona:

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Ya era hora de restar poder a las autoridades de supervisión nacionales, pues se encontraban bajo la influencia de políticos que insistían en mantener una mano protectora por encima de sus bancos e impedir así las medidas de saneamiento tan necesarias. España es un ejemplo de ello. Y Chipre, otro. [...] Los contribuyentes alemanes también pueden alegrarse. El fracaso de la supervisión bancaria alemana les ha costado más que el rescate de Grecia. Esperemos que al Banco Central [Europeo] le vaya mejor. Es difícil hacerlo peor.

Poco queda de la ambiciosa idea de dirigir a Europa hacia una auténtica unión bancaria, lamenta en Lisboa Diário Económico. En opinión del diario económico,

A lo largo de los años, los dirigentes de la UE han presentado la idea de una unión bancaria como respuesta sistémica a la crisis del euro. Debía constituir el embrión de una nueva unión económica y política en Europa. Varios meses después, el problema sigue ahí. Ha desaparecido la sensación de urgencia, así como el entusiasmo. La aplicación a cuentagotas de una buena idea sobre el papel no resolverá la crisis, sino que debilitará la supervisión bancaria, al menos a corto plazo.

Para el diario El País, el acuerdo sobre la unión bancaria viene "cargado de tecnicismos, pero en realidad se trata de lo de siempre: quién tiene el poder". Y la respuesta está clara: Alemania. Tras haber logrado que el control de los bancos locales no fuera parte de las competencias del supervisor único,

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Alemania impone también una solución descafeinada para el fondo de garantía común (consistirá, simplemente, en homogeneizar los fondos nacionales) y un retraso considerable para el fondo de resolución bancaria (un mecanismo para cerrar bancos si es necesario), que en algún momento pudo ser una forma de mutualizar los problemas del euro por la puerta de atrás. Y en casi todo lo demás, [Alemania] consigue retrasar el calendario, contra la opinión de Italia, Francia y sobre todo de España, el país más expuesto por el flanco financiero.