Lo que suscita las críticas es ante todo la sensación de haber cedido al “dictado” de Alemania, que ha impuesto que el supervisor único europeo no pueda controlar los bancos locales.

“El acuerdo parece ser de envergadura, pero en realidad es insuficiente”, resalta NRC Handelsblad. “Resulta decepcionante, cuatro años después del inicio de la crisis de las subprimes”. Ante todo, el diario neerlandés lamenta que:

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La supervisión de la gran mayoría de los 6.000 bancos [europeos] seguirán siendo competencia del regulador nacional y por lo tanto dependerán de la confianza mutua entre banqueros, algo que en el pasado ha resultado ser más erróneo de lo que pensábamos [...] La crisis de las subprimes demostró hasta qué punto los bancos están vinculados entre sí. Sólo nos damos cuenta de ello cuando la situación degenera [...] y si no, vean lo que sucedió en Islandia y sobre todo en el asunto Fortis, en el que prevalecieron los intereses nacionales sobre el interés general. Sólo se podrá luchar contra ello con una supervisión centralizada para todos los bancos. Además, aún no se han tomado decisiones sobre las dos etapas siguientes y cruciales: el cierre de los bancos que fracasen y una red financiera común que separaría por fin el destino de los Estados y el de los bancos.

En Alemania, el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung enumera toda una serie de argumentos por los que la nueva supervisión bancaria le parece una pésima noticia, ya que se ha acordado precisamente en el momento en el que los bancos de la eurozona están tres veces más endeudados que los Estados miembros. Según el diario FAZ, el problema estriba en la omnipotencia del Banco Central Europeo (BCE), una institución que no ha sido elegida, como recuerda el diario. Con su doble faceta de banco central y de autoridad de supervisión, ya no estará en posición de cumplir su función de garantizar la estabilidad de los precios.

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Si bien la supervisión común de los bancos europeos tiene sentido, lo que no lo tiene es que se le encomiende al BCE. Hasta ahora, su única obligación consistía en garantizar la estabilidad de los precios. A partir de ahora, se enfrentará a un conflicto de objetivos debido a la tarea de supervisión. ¿Cómo va a decidir si la inflación necesita un aumento de los tipos de interés, cuando precisamente estos tipos pueden hacer que los bancos se hundan? Además, podemos dudar de que el BCE ponga en apuros a las instituciones financieras que mantiene a flote desde hace años como si fueran bancos zombis gracias a las inyecciones de dinero.

En opinión del diario El País, se ha elegido un "Modelo equivocado" para la unión bancaria. Se trata de una decisión "impuesta" por Alemania y que "fractura" el mercado financiero europeo en dos grandes bloques: las grandes entidades, bajo la supervisión del BCE, y aquellas cuyos activos sean inferiores a 30.000 millones de euros, bajo la supervisión de los Gobiernos nacionales. El diario madrileño critica que

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El acuerdo, en sus términos básicos, responde punto por punto a las exigencias alemanas. Angela Merkel ya se ha encargado de explicar en el Bundestag que el acuerdo es un triunfo alemán; es el momento de explicar por qué el triunfo para Alemania puede ser un error para Europa en términos financieros. La triunfante propuesta de Schäuble tiene como objetivo principal ocultar la situación poco halagüeña de las cajas alemanas y los bancos de los länder. El pretexto que encubre ese objetivo es que se trata de poner bajo supervisión del BCE todo el riesgo sistémico europeo. Pero el hecho es que, como demuestra el caso de España, las pequeñas entidades también son capaces de intoxicar el sistema bancario nacional. Esta circunstancia es la que invalida el argumento alemán de que la supervisión nacional de sus cajas y bancos regionales no es relevante, porque Alemania pagaría el eventual saneamiento de sus entidades. El riesgo no está en la quiebra, sino en la contaminación de los activos.

Un argumento que retoma también el diario ABC: "lo que oculta Alemania", escribe, es el mal estado de las cajas regionales. Esto constituye

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la explicación a buena parte de los movimientos políticos de Angela Merkel, que ha sabido defender a su sistema financiero y esconder sus vergüenzas como nadie en la plaza europea. En Bruselas nunca han gustado las cajas de ahorros, pero la nueva dama de hierro ha conseguido convertir a Alemania en su último baluarte pese a que no han sido ajenas a los problemas financieros. Los Landesbanken se embarcaron en arriesgadas operaciones internacionales y de banca de inversión que ahora han dejado una elevada factura. Los problemas de Alemania quedarán en Alemania. Pero Alemania ha dejado claro que no le gusta que fisgoneen en sus finanzas y parece que, pese a cualquier unión bancaria, solo el Bundesbank podrá hacerlo de momento.