Al autorizar la inspección de la ONU en los lugares de la masacre, “el presidente sirio apuesta por el hecho de que esta acción incrementará las divisiones sobre la respuesta adecuada (...) Pero es una apuesta que no debemos dejar que gane”,opina el Financial Times. En un editorial titulado “El argumento moral para intervenir en Siria”, el diario británico recuerda que una acción contra el régimen de Assad deberá realizarse basándose en pruebas precisas y con un gran apoyo internacional. Pero considera que

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Intervenir no significa entrar en la guerra civil siria. Se trata de transmitir un mensaje a los Estados díscolos, para decirles que no se puede tolerar el uso de armas químicas de destrucción masiva. (...) Una acción militar implica riesgos. No existe ninguna opción adecuada para disipar la amenaza que Assad plantea a su propio pueblo y al mundo. Pero no hacer nada sería la peor de todas.

“No reaccionar con firmeza ante el ataque químico en Siria sería permitir que nuestra era se vuelva salvaje a escala mundial”, expone la directora de Le Monde Natalie Nougayrède:

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Actuar de manera precisa, puntual y orientada no equivale a precipitarse en una aventura militar occidental. Será necesario anticiparse a lo que suceda después. Entonces llegará la hora de la verdad para la diplomacia rusa, que difícilmente podría replicar a los navíos estadounidenses. Se trataría de determinar mediante la acción el límite infranqueable de la violación de los principios más intangibles sobre los que se basan la comunidad de naciones y la seguridad internacional. Este crimen atroz requiere una respuesta clara y determinada.

“Aportar pruebas es una condición previa a cualquier intervención militar”, advierte La Libre Belgique, “aunque sea únicamente para convencer a la opinión pública tan reticente, tanto en Estados Unidos como Europa. En un editorial titulado “¿Actuar en Siria? Primero las pruebas”, el diario señala que

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En el momento de escribir este editorial, solo una serie de presunciones señala hacia el régimen de Damasco. Esto no basta en un país con cuatro servicios de inteligencia, milicias y rebeldes y que es objeto de múltiples interferencias extranjeras. En este caso, la prudencia no es un signo de debilidad. Es la primera etapa.

En Alemania, el Frankfurter Allgemeine Zeitung señala por su parte que “ante todo será Washington quien decidirá una reacción militar contra Assad”. Y esta vez, al contrario que en la intervención en Libia, que no apoyó Alemania, “Berlín probablemente se posicione al lado de los estadounidenses”. Porque, tal y como observa el diario “la situación ahora ha cambiado, a menos de cuatro semanas de las elecciones legislativas”. Y el ministro de Exteriores no podrá quedarse al margen como en 2011:

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Por entonces, acababan de derrocar a Gadafi y los diplomáticos alemanes aplaudieron al ministro de Exteriores francés Alain Juppé tras su discurso, por su posición durante la guerra en Libia, un acto que se consideró una afrenta contra el jefe de la casa. Es algo que no sucederá por segunda vez con Westerwelle y Merkel. Aunque es evidente que esto no significa que Berlín vaya a participar de manera activa en una intervención militar.

Pero ¿cuáles serían los beneficios de la intervención militar en Siria? En Revista 22, la investigadora Laura Sitaru opina que “con cualquier intervención militar internacional lo único que se conseguirá será avivar el conflicto y aumentar el número de muertos. Al igual que la ausencia de una intervención”. Por ello,

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para evitar los enormes errores de las anteriores intervenciones en Oriente Próximo, es necesario ver más allá, plantearse qué implicaciones tendrá la intervención y sobre todo, cuáles son los límites de la acción internacional. ¿Qué es lo que se espera realmente? ¿Apartar del poder al régimen de Assad? ¿Y después qué? ¿Qué parte del futuro asumirá la comunidad internacional? ¿Qué tipo de intervención se plantea, militar, humanitaria, política? ¿Y cuáles son los riesgos regionales de dicha intervención?