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La sanidad en Grecia, el gran problema de los servicios públicos

Reducción de personal, externalización, recortes presupuestarios: en Grecia, el sistema público de salud está sufriendo el lastre de la falta de recursos y las políticas de austeridad. A medida que las condiciones de trabajo y la calidad de la atención sanitaria se van deteriorando, los médicos jóvenes se plantean abandonar el país.

Publicado en 3 abril 2025

Son las nueve de la noche de un domingo de enero cuando el hospital Evangelismos de Atenas inicia su turno de urgencias. Frente al hospital, las ambulancias sacan camillas con una rapidez aparentemente controlada. Se abren paso entre la multitud hasta llegar a un vestíbulo tan lleno de gente que los pasillos adyacentes sirven como sucursales. Los enfermos, sin embargo, esperan allí como buenamente pueden, de pie, tumbados en camillas o en sillas de ruedas. “¡Esto es la Grecia de 2025!”, vocifera una mujer de unos sesenta años, que sujeta la mano de su marido, tendido en una camilla, alarmantemente pálido.

El doctor Giorgios Ferentinos, cardiólogo en una unidad de cuidados intensivos, está de servicio esa misma noche. Y explica a Voxeurop: “Como no hay suficiente personal, los pacientes se dirigen a cualquier bata que vean pasar”. Él lleva ese día una bata burdeos. A algunos pasos, otros miembros del servicio están vestidos de azul, de verde, de blanco… “Estos colores no indican para nada nuestras funciones. Pero el hospital no nos facilita uniforme. ¡Tenemos que comprarla nosotros!”.

Para el cardiólogo, que también es presidente del sindicato de trabajadores del hospital, es un detalle revelador. “Hemos pedido a la dirección que nos facilite las batas, etc. Pero se ha negado. Prefiere destinar el dinero a otras cosas…”.

Desde hace algún tiempo, este centro médico –el mayor en Grecia y los Balcanes– hace todo cuanto puede para rebajar su masa salarial. Aunque da ocupación a 3500 personas, ha decidido externalizar un cierto número de funciones. “Estamos inmersos en una lógica de privatización”, explica Ferentinos. “El 1 de enero despedimos a 200 personas que hacían la limpieza y que estaban contratadas directamente por el hospital. Se les pagaba 840 euros al mes. Desde entonces dependemos de una empresa externa. La cual cobra 2400 euros por empleado. Pero los propios empleados no perciben más que 610 euros. Y mientras que el coste del servicio interno era de cuatro millones de euros por año, ahora ha subido hasta los seis millones”. Para él, esta gestión es delirante. “En el hospital faltan 1100 asalariados con relación a 2012. Sin embargo, las necesidades han aumentado desde entonces: el número de camas en cuidados intensivos se ha multiplicado por dos, por ejemplo”, aclara.

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La crisis de 2008 y las medidas de austeridad que siguieron han entrañado, sobre todo en la UE, una supresión de camas hospitalarias. Según datos parciales de Eurostat, solo cuatro países presentaban en 2019 más camas que diez años antes: Bulgaria, Irlanda, Malta y Portugal. En cuanto a Grecia, las restricciones no la han perdonado. En 2009 el país contaba con 54 704 camas hospitalarias disponibles, pero en 2019 solo había 44 817.

Según los sindicatos, los hospitales carecen de unos 6000 puestos de médico. “Antes de la crisis, entre el 6 % y el 8 % del personal de servicios públicos estaba vacante. Hoy en día, está en torno al 30 %. Esta es otra forma de destrozar la continuidad de los servicios públicos”, explica el director del Instituto de Investigación de la Confederación de Sindicatos de Funcionarios Públicos Adedy, Giorgos Yioulos. El personal de enfermería ha sufrido gravemente, según él, la poscrisis económica de 2008: en 2010 había 38 422 puestos de enfermería en activo, según datos parciales de Eurostat. Nueve años más tarde, había 36 251.

Al mismo tiempo, la mayoría de los griegos se inquietan ante la privatización del hospital y del sistema sanitario. El médico explicita: “Ahora, los médicos pueden, además, pasar consulta a título privado por las tardes dentro del hospital…”. Con todo, concreta, el servicio de personal sanitario ya está recargado: ocho horas al día, cinco días por semana; sin contar las guardias y las horas extra.

Según la Confederación de empleados de los hospitales públicos, los gastos públicos para sanidad solo representan el 5 % del PIB, contra el 7,5 % de media en los países de la zona euro. Otro índice de la privatización del servicio público: la falta de enfermeras y enfermeros que han sido sustituidos por auxiliares de enfermería… que el paciente ha de pagar si puede permitirse costear esos servicios. ¿El coste? 80 euros por día o por noche para ayudar a la alimentación, el aseo o la aplicación de cuidados.

Los griegos pagan muy cara esta degradación del sistema de salud. Según Eurostat, el PIB por habitante en Grecia era el 67 % de la media europea en 2023. Lo que situaba al país en el vigésimo sexto lugar de los Estados miembros, tan solo por delante de  Bulgaria.

En Argos, en el Peloponeso, la situación no es mejor. Para Meloni Kostiopoulos, cirujano ortopédico de 27 años, resulta verdaderamente imposible hacer frente a las urgencias. “Muchos puestos están vacantes. En mi especialidad, de los tres puestos convocados, solo uno está ocupado. En medicina general, la cosa está peor. Por eso, cuando el hospital  cubre las urgencias, alternando con el de Nauplie a quince kilómetros de distancia, tenemos que hacernos cargo de pacientes fuera de nuestra especialidad”, atestigua este joven médico.

En estas condiciones, está pensando en marcharse al extranjero, “donde los salarios son bastante mejores”, según él. “Aquí mi salario base es de 1268 euros netos como interno el primer año, por siete horas de trabajo durante cinco días, a los cuales hay que añadir 820 euros por cinco guardias por la tarde y un día no laborable trabajado cada mes”. Para que haya un médico de guardia en el hospital, asegura que hace “guardias suplementarias que se pagan con tres meses de retraso… ¡cuando las pagan!”. En estas condiciones, muchos médicos jóvenes piensan en instalarse fuera de Grecia. Según Amnistía Internacional, cerca de 20 000 médicos jóvenes han abandonado el país entre 2010 y 2020.

Por encima de esta gran fractura del sistema de salud griego sobrevuela siempre el fantasma de la crisis de 2009. Entre 2010 y 2014, el PIB del país cayó un 25 %. La explosión del déficit, la pérdida de confianza de los mercados y la amenaza del impago obligaron al país a solicitar ayuda a instituciones financieras internacionales. Las drásticas reformas estructurales exigidas en contrapartida incidieron profundamente en el sector sanitario, que ha sufrido una reducción presupuestaria drástica. Años después, las consecuencias sobre el acceso a la atención sanitaria y su calidad siguen siendo siempre muy palpables.

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En colaboración con European Data Journalism Network.
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