Los dirigentes de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se reunieron en Ankara, Turquía, el 7 y 8 de julio. Como comienza a ser habitual, la cumbre ha girado en torno al presidente estadounidense Donald Trump, que ha alternado las amenazas, las críticas y los halagos para embarcar a los miembros de la alianza en sus objetivos, con el beneplácito del secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

Tanto el continente americano como el europeo tocaron sus mejores éxitos: los europeos y Canadá recordaron el aumento del gasto en defensa, que ha pasado de una media del 2,3 % del PIB en 2025 al 2,53 % en 2026. También fue el momento de reafirmar el apoyo a Ucrania, con la promesa a Kiev de 70 000 millones de euros este año para equipamiento militar, asistencia y formaciones. También se ha prometido la misma cifra para el 2027. Asimismo, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski obtuvo la autorización de Estados Unidos para fabricar misiles Patriot; un tipo de arma costosa y esencial para la defensa del país contra los ataques aéreos rusos.

Trump, por su parte, volvió a tirar de sus clásicas cantinelas: críticas a España por su falta de cooperación militar, reproches por la falta de participación europea en la guerra de Irán, reivindicación de Groenlandia… La canción de siempre.

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