Noticias Inmigrantes en la ruta de los Balcanes 1/5

A los pies del muro de Viktor Orbán

Primera parte de un reportaje realizado con la colaboración de la investigadora Móni Bense cerca de Szeged, punto en el que se encuentran Hungría, Serbia y Rumanía, y donde comenzará la construcción del muro para impedir la entrada de los inmigrantes en la Unión Europea. Extractos.

Publicado en 7 septiembre 2015 a las 08:43
Délmagyarország/Schmidt Andrea  | La barrera que marca la freontera entre Hungría y Serbia cerca de Kübekháza.

"¿Dónde estamos?" pregunta uno de ellos.
"Sí, ¿dónde estamos? " insiste su amigo.
"¡Ni siquiera saben dónde están!", exclama uno de nosotros sorprendido.
"Soy de Siria. Huí de la organización Estado Islámico ". "Yo vengo de Irak.Del Kurdistán"."¿Dónde estamos?", repite, más tarde, una joven afgana de doce años. Ha huido de los talibanes, pasando un año en Turquía con su madre. Ahora han llegado a las puertas de Europa.
Muchos de ellos no saben cómo se llama este lugar. Estamos - ellos y nosotros - en la estación de tren en Szeged, en Hungría, que algunos de ellos han descubierto a través del GPS de su smartphone, el mismo que les permitió orientarse para franquear la última frontera entre Serbia y Hungría. Con los sistemas de navegación, han sido capaces de localizar las coordenadas transmitidas por los traficantes de seres humanos en el último sms recibido - una señal para el futuro. Y al futuro, que ya les ha costado cientos o miles de euros, todavía no han llegado, en esta estación de la periferia de Europa donde pasamos juntos las primeras horas de la mañana.
"El sentido de la vida es cruzar las fronteras", dijo el periodista polaco Ryszard Kapuściński viajero, una frase que se hace significativa cuando la frontera converge en tres puntos. Aquí, en este Triplex Confinium en el que Hungría, Serbia y Rumanía se tocan, surgirá la extremidad oriental de la estructura de alambradas con altura de tres a cuatro metros, cuya construcción fue anunciada por las autoridades húngaras en la primavera de 2015, con el fin de detener lo que promete ser la mayor ola de inmigración a la Unión Europea en los últimos cincuenta años. Los dos puntos de entrada principales son el sur de Italia y el sur de Hungría, con Grecia, Bulgaria, Macedonia y Serbia como países de tránsito. Este "Occident Express" a través de los Balcanes se ha convertido en la principal vía de acceso a la UE, aún más transitada que las vías marítimas del Mediterráneo hasta las playas de Lampedusa.
Esta fue la frontera de Tito, y también la del líder comunista húngaro János Kádár y la de Moscú, y ahora será la frontera de Viktor Orbán. Era la frontera no alineada del socialismo de "rostro humano" yugoslavo y será ahora la neo-frontera del capitalismo, también de "rostro humano", de una Unión Europea que, con diferentes grados, está incorporando actualmente los neo-nacionalismo que se imponen últimamente en las urnas en la región.
Una liebre surge inesperadamente de un campo de girasoles y se esconde ante nuestro coche. No hay ni policías ni un refugiado en el horizonte. Estamos en las antípodas de Sopronpuszta, donde el 19 de agosto 1989 los húngaros y austríacos organizaron la reunión que [el diario francés] Le Monde denominó un "picnic que cambió la historia".
El muro que empezó a caer en Sopronopuszta caería en Berlín tres meses más tarde, y con ella el resto del Telón de Acero, que, en el centro de Europa, dividía al mundo. Móni Bense, catedrática y traductora, que nos acompaña en este viaje, era una adolescente en aquel momento: " La historia se repite con tanta rapidez que la generación que vivió los episodios más trágicos en este lugar está todavía viva, pero parece no ser capaz de acordarse " dice, resignada a la amnesia parcial mostrada por muchos compatriotas, que no parecen recordar el estado de eternos inmigrantes y refugiados que marcó a los húngaros desde el Tratado de Paz de Trianón.
¿El nuevo Lampedusa?
En ese verano que precedió al "Otoño de los pueblos", Robert Molnár tenía 18 años, y vivía en Kübekháza, un pequeño pueblo a un kilómetro de Triplex Confinium, del cual ahora es el alcalde. No es fácil encontrar, en Hungría, y especialmente en el centro-derecha, una voz tan directa que se oponga a la construcción de la barrera. "
Conozco la historia", dice:"en el pasado, cuando un país ha decidido construir una cerca o un muro, como en Auschwitz-Birkenau, en Berlín o en el resto de la frontera del bloque comunista, siempre acabó volviéndose contra el que lo construyó". Para Molnár, "Hungría ya es un país aislado a nivel intelectual y psicológico. Hungría está cerrada y no hay ni entrada ni salida, ni desde fuera, ni desde dentro. Estamos en el centro de Europa, y si seguimos encerrados, el espacio de actividad de los húngaros se reducirá, hasta el punto de que la gente perderá la esperanza y comenzará a huir del país ". En lugar de convertirse en una isla, "Hungría será un gueto", subraya.
En el Triplex Confinium , un oído agudo puede escuchar el sonido de tres campanas: la de la Iglesia de Kübekháza, en Hungría; la de Beba Veche, en Rumanía y la de Rabe, en Serbia, las tres aldeas situadas a la misma distancia unas de otras que forman el triángulo - y que una vez al año, se reúnen para una fiesta transfronteriza. Róbert Molnár se declara cristiano practicante y afirma que "hay que cuidar a los extranjeros", el mensaje de Esteban I, rey de Hungría, San Esteban para los creyentes. "Es la Biblia la que nos dice: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti", recuerda. Antes de profetizar: "el mal nos será devuelto. Si no queremos que nadie nos maltrate, no podemos maltratar a los demás”.
En la entrada de la Kocsma, la taberna de Kübekháza, el dueño relata un episodio que vio en la televisión. Por otra parte, es en la televisión donde ha visto a los únicos refugiados en su vida. El único problema real del que había oído hablar era el siguiente: un refugiado había robado los tomates de un agricultor que se quejaba, en el reportaje de la televisión, como si fuera el fin del mundo.
Kübekháza aún no es el nuevo Lampedusa al final de la ruta de los Balcanes para inmigrantes del sureste de Europa, pero el alcalde y la dueña de la Kocsma adivinan cómo va a terminar : ambos dicen que con el muro comienza en Triplex Confinium, a un kilómetro de distancia, "está claro que los refugiados recorrerán Rumanía y volverán a pasar de nuevo por aquí ". Una deducción obvia cuando se mira en un mapa, a la que Péter Szíjjártó, el joven ministro de Asuntos Exteriores, responde que "en todas las secciones fronterizas donde no hay otra manera eficaz de prevenir la inmigración ilegal [Serbia a Hungría], se utilizará la herramienta del cierre de la frontera", es decir, la extensión de la alambrada.
Propaganda nacionalista
Siempre y cuando dicha barrera no le oculte el horizonte, Robert Molnár cree que le corresponde a la "rica Europa Occidental encontrar una respuesta unánime" y "no es posible colgar la responsabilidad únicamente sobre Hungría, porque es una catástrofe humanitaria que afecta a todo el mundo ". Antes de afirmar que la decisión de construir la barrera es puramente "política interna" y apunta al interés de Fidezs, el partido del primer ministro, Viktor Orbán, y tendrá un costo de 20 millones de euros para el Estado. Un cartel de propaganda nacionalista de cuatro metros de altura y 175 kilómetros de largo. Con esta medida, añade , "no se pretende contrarrestar la inmigración, sino que sirve para Orbán y Fidesz ganen algunos votos a Jobbik, la extrema derecha, ya que ya existen radares térmicas a lo largo de toda la frontera y el 98% de los refugiados son capturados".
En un jardín donde Orbán siembra muros, un jardín europeo, un niño dejó varios racimos de cerezas en el árbol que tenemos enfrente, para el primer refugiado que pase la frontera por este tranquilo pueblo. Mañana o pasado mañana, no tardarán en pasar por este camino. Quizás Sharbat, quizás Mohamed, a quien conocimos en la estación de Szeged en este viaje. O tal vez Rafik, que espera de nuevo, en una fábrica abandonada en Subotica, sin pasaporte, que un traficante de seres humanos le proporcione las coordenadas para continuar su viaje.

Mientras tanto, en la taberna, todavía se escucha el eco del campesino húngaro que se queja en la televisión de los tomates que "*ellos" han robado. "Ellos" son los que huyeron del fin del mundo con la esperanza de encontrar un lugar en la fortaleza-edén de la Unión Europea. En húngaro, en serbio y en croata, "tomate" y "paraíso" comparten la misma raíz: paradiscom / paradiscom, Paradajz / raj, rajčica / raj.

  • Este artículo es parte del Proyecto #OpenEurope. Participado por varios medios de comunicación europeos, pretende "contar las solidaridades concretas que construyen para ayudar a los inmigrantes. Y para defender un proyecto europeo fiel a su valores de acogida, asilo y apertura."

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