Durante ya varios meses, Serbia se ha visto sacudida por una ola de protestas a raíz de un trágico accidente que se cobró la vida de 15 personas cuando se derrumbó la marquesina de la estación de Novi Sad, el 1 de noviembre. Toda la población terminó uniéndose a este levantamiento iniciado originalmente por los estudiantes de Serbia. La crisis alcanzó su punto álgido el 28 de enero, cuando el primer ministro Miloš Vučević (SNS, derecha) anunció su dimisión. El poder del presidente serbio Aleksandar Vučić (SNS) está afrontando una crisis sin precedentes. Vučić, que acusa a los manifestantes de actuar en nombre de “servicios de espionaje extranjeros” que buscan destituirlo, otorgó concesiones mínimas y amenazó con recurrir a la fuerza, afirmando que la paciencia de sus partidarios “se está agotando”.
Esta revuelta es histórica, sin embargo, tiene dificultades para hacerse oír en la UE. Ya sea en los grandes medios de comunicación o a nivel de las instituciones europeas, la ira de los serbios no parece inspirar compasión. Algunos críticos opinan que esto podría deberse al contexto geopolítico de la región, combinado con los intereses económicos europeos.
Desde la década de 1980 y la financiarización de la economía, los actores financieros nos han mostrado que los vacíos legales esconden una oportunidad a corto plazo. ¿Cómo terminan los inversores ecológicos financiando a las grandes petroleras? ¿Qué papel puede desempeñar la prensa? Hemos hablado de todo esto y más con nuestros investigadores Stefano Valentino y Giorgio Michalopoulos, que desentrañan para Voxeurop el lado oscuro de las finanzas verdes; hazaña por la que han sido recompensados varias veces.
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