Borisov no ha dicho su última palabra

El 20 de febrero el primer ministro búlgaro, Boiko Borisov, sorprendió a todo el mundo al presentar su dimisión, tras diez días de protestas sociales. Sin embargo, el cronista de Standart plantea cuatro posibles futuros que se abren ante Bulgaria.

Publicado en 21 febrero 2013 a las 16:25

Parece que nadie se ha dado cuenta todavía de que en 25 años de democracia no hacemos más que repetir el siguiente esquema: Salvador – PS (Partido Socialista, excomunista, en la oposición) – Salvador – PS – Salvador – PS… Como si el sistema entrase en bucle.

Pero parece que en Bulgaria los salvadores que nos liberan de los excomunitas tienen una vida útil bastante limitada, mientras que el PS parece indestructible. Una constatación interesante, ¿verdad?

Hoy en día, sin embargo, la situación es un tanto diferente. El salvador Boiko Borisov no ha agotado totalmente sus recursos, tampoco está plenamente desacreditado tal y como esperaban los socialistas. Y, hasta que se demuestre lo contrario, no tenemos a ningún otro salvador a la vista. Puede que incluso sea demasiado tarde para que tengamos a uno verdadero, sincero, radiante y honesto. Así que habrá que apañarse con lo que hay a nuestra disposición. He aquí los cuatro escenarios que se perfilan tras la dimisión de Boiko Borisov.

1.Escenario a lo griego

El primero, desde el día de ayer los búlgaros creen que puede pasarles como a Grecia. No se sabe nada sobre el programa y la composición del próximo Gobierno técnico, o de expertos, que tendrá que preparar el terreno para las elecciones legislativas de julio. Pero no hay que albergar muchas esperanzas, porque hoy estamos ante un partido que no se ha jugado hasta el final porque uno de los equipos sobre el terreno lo abandonó súbitamente. Entonces, todo dependerá de nuevo de la transparencia y de la honestidad del futuro escrutinio.
Y el escenario griego se resume en esto: el surgimiento de un movimiento facha, sea de derecha o de izquierda, una especie de Amanecer Dorado local que se beneficiará del eterno pulso entre el PS y el salvador. Ya tenemos un anticipo cuando vemos a los cabezas rapadas manifestarse y entonar "¡están todos podridos!". Y como el resto de los partidos están "podridos", el Amanecer Dorado al estilo búlgaro tiene ante sí un amplio camino y hará que nos lamentemos amargamente nuestro tradicional nacionalismo.

2.El PS toma el relevo

La segunda opción es que el PS llegue al poder, pero ¿puede un Gobierno dominado por socialistas garantizar la prosperidad del país? Es poco probable. Porque al igual que el resto de los representantes de la izquierda europea, la nuestra se va a poner a gastar sin cortapisas. ¿Por qué? Para mantener su buena imagen ante los parados que, como se sabe, suelen votar más a la izquierda que quienes trabajan. Durante algunos años disfrutaremos de un dulce letargo, pero acto seguido será necesario esperar la llegada de un salvador. De vuelta al punto de partida.

3.La parálisis de las instituciones

El tercer caso que se plantea es que el Parlamento esté completamente bloqueado. Hasta ahora, las encuestas otorgan al PS y al partido del primer ministro, el Gerb [conservador], un empate: un 29% de los votos para cada uno. Si esta distribución de fuerzas persiste, tendremos un Parlamento que parecerá un coche sin frenos y con un oso, una serpiente y un margo a bordo, todos intentando hacerse con el volante. Lo más probable es que el coche se estrelle. En ese caso, el Movimiento por los Derechos y Libertades [MDL, partido que representa a los musulmanes de Bulgaria] que cogerá el volante pero como no puede gobernar en solitario, el MDL se coaligará con el PS, una historia que sabemos de memoria. Entonces, de nuevo otra vez volvemos al punto de partida.

4.Borisov, al rescate

Cuarto escenario: Boiko Borisov gana de manera convincente las elecciones y regresa sobre un corcel blanco, ejercerá de nuevo el papel de salvador. ¿Es posible? Sí, porque algunos miles de personas que protestan contra la electricidad cara encabezados por doscientos alborotadores no son todo el electorado. Si eso ocurre, el PS mobilizará a sus tropas para reclamar en las calles que las elecciones están "trucadas". Borisov no es el político más odiado del país. Tras los últimos acontecimientos, espero simplemente que haya comprendido que tampoco es el más querido. Pero quienes ya hayan borrado su nombre de la agenda política han cometido un gran error.

¿Cabe alguna otra posibilidad? Me quedo atónito al escuchar a los imbéciles afirmar que no quieren a ninguno de los hombres políticos conocidos, o desconocidos. Es una verdadera calamidad, porque en Bulgaria cada vez más personas pasan a engrosar este grupo. Pero la política y quienes la hacen son un mal necesario. Así es la vida, no hemos encontrado nada mejor.

Visto desde Praga

Un choque de culturas

El 20 de febrero, el primer ministro búlgaro Boiko Borisov presentó su dimisión a raíz de las manifestaciones contra el aumento del precio de la electricidad suministrada por la empresa CEZ. Cuando el gigante energético checo se ve amenazado con la revocación de su licencia, Hospodarske noviny señala que:

la inversión de CEZ en los Balcanes era arriesgada desde el principio. […] La presencia en Albania, que recientemente ha llevado a cabo una nacionalización de hecho, ha superado ampliamente los límites de riesgo. […] El caso de Bulgaria es bien distinto: el país es un Estado miembro de la UE, que puede jugar un papel de árbitro en el litigio. […] Sin embargo, el quid del problema es un choque de culturas. Mientras las empresas checas adoptaron desde principios de los años noventa el concepto de hacer negocio enmarcado dentro de la ideología del "mercado puro", en Bulgaria siempre se ha considerado una estafa.
Pero este choque de culturas podría tener algunas consecuencias positivas, considera sin embargo el diario económico de Praga:
los búlgaros comprenderán que el Estado ayude a las grandes empresas a fijar el precio de la energía y que es el regulador nacional el que los ha aprobado. […] Con relación a las empresas checas, también entenderán que la presión para maximizar sus beneficios no es sostenible a largo plazo, incluso aunque el marco legislativo lo permita.

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