M. salió del instituto agrario de Nermont Châteaudun (Eure y Loir) en 2009, con 19 años y su bachillerato bajo el brazo. Un mes más tarde, cargaba los últimos camiones de herramientas agrícolas, con rumbo a Rumanía, más en concreto, a Macesu de Sus, una población al sudoeste del país.

El de M. no es un caso aislado: Rumanía, con alrededor de 15 millones de hectáreas de tierras cultivables, se está convirtiendo en el nuevo eldorado de los agricultores en Europa. Miles de franceses, italianos, españoles, británicos, alemanes y daneses hacen las maletas y se marchan a este país, que entró en la Unión Europea en 2007, con el fin de implantar explotaciones agrícolas.

M., que se dedica desde su más tierna infancia a la agricultura, no podía imaginarse que un sueño así se hiciera realidad. "Aquí, con 19 años, me encuentro dirigiendo una explotación de más de 1.400 hectáreas. Para hacer en Francia lo que he hecho en Rumanía en tres años, habrían sido necesarias dos o tres generaciones". En Macesu de Sus, cultiva trigo, cebada, girasol y colza. Y sus aspiraciones no dejan de crecer. Espera beneficiarse en breve de los fondos que la Comisión Europea destina para la equiparar a Rumanía con el resto de países. Con su proyecto, podría aumentar en 7.000 toneladas la capacidad de almacenaje e irrigar 500 hectáreas complementarias de terreno.

A pesar de las dificultades, no se arrepiente de nada. "Los primeros meses estaba un poco desbordado", confiesa. "Pero si me hubiera quedado en Francia ¿qué estaría haciendo ahora? Habría acabado mis estudios y habría encontrado un trabajo por 1.200 euros al mes. Pagas un alquiler, la comida, la ropa y al final del mes, no te queda nada. Para mí eso no es vida".

Crecimiento de un 11% de la agricultura rumana

Es imposible cruzar Rumanía sin encontrarse con estos agricultores llegados del Oeste y que reinventan la agricultura del país. Gracias a sus conocimientos y a sus inversiones, la agricultura rumana registró un crecimiento en 2011 del 11 %, y esto sólo es el principio. Se acabaron las tierras baldías y la sensación de abandono en los campos.

Los rumanos venden actualmente sus terrenos agrícolas por una media de 2.000 euros la hectárea, un precio imbatible en la UE. Por otro lado, las subvenciones europeas se elevan a 180 euros por hectárea, la mitad de la cantidad que se puede obtener en Europa Occidental. Pero a partir de 2014, la nueva política agrícola común (PAC) debería situar al mismo nivel al oeste y al este de Europa.

Para comprar en Rumanía, un agricultor occidental está obligado a crear una empresa en el país, pero a partir de 2014, cualquier persona residente en la UE podrá adquirir directamente los terrenos. Por ello los agricultores se apresuran a comprar antes de que la especulación haga que los precios estallen.

Los que tienen más prisa son los suizos, que ya no pueden pagar varias decenas de miles de euros por una hectárea de tierra helvética. La familia Hani, originarios del cantón de Lucerna, llegaron hace una decena de años a Firiteaz, una pequeña población al oeste de Rumanía: el padre, la madre, dos hijos y dos nietos. Compraron 800 hectáreas de tierra.

"En Europa Occidental, ya no hay lugar para los jóvenes", se lamenta Christian Hani, de 29 años. "Aquí podemos construir algo desde cero. Creo que para nosotros, los jóvenes, es muy importante poder crear algo nuevo".

Volver a ser el granero de Europa

El mercado de los productos biológicos está en pleno auge en Europa Occidental y los Hani se quedan constantemente sin existencias. Han traído de Suiza todos los equipos necesarios para dedicarse a la agricultura biológica a gran escala.

"Los cereales que se consumían aquí procedían hasta ahora de Canadá, Estados Unidos y China", explica Lukas Kelterborn, un alemán especializado en márketing que se ha unido a los Hani y se ocupa de la venta de sus cosechas. "Por lo tanto, es normal que se intente producirlos en Europa. En Rumanía existen unas perspectivas extraordinarias y hay que recordar que este país fue el granero de Europa entre las dos guerras mundiales. Ahora vuelve a serlo".

En Macesu de Sus, M. también lo cree así. Con su pareja rumana, va a construir una casa en sus terrenos. Ya tiene una en el pueblo y un apartamento en la ciudad vecina de Craiova.

"En Rumanía, llevo una vida mucho más desahogada y además descubro tradiciones que en Francia ya no se practican", comenta. "Nunca había matado un cerdo o un cordero en mi vida, mientras que los rumanos lo siguen haciendo en el campo... En Francia, ya nadie tiene vínculos con otras personas. Aquí vivo muy feliz". Palabra de campesino.