Cuando al final de una espléndida jornada estival miles de turistas abandonan la playa de Ostende, dejan tras de sí montones de residuos: bolsas de plástico, colillas, pañales y cientos de latas y botellas. Después de un fin de semana movido, el servicio municipal de limpieza de Ostende recoge hasta diez toneladas de residuos: una catástrofe para la fauna y la flora del lugar. La enorme máquina limpiadora que barre la línea de marea, remueve la arena hasta los diez centímetros de profundidad, haciendo que buena parte del material biológico ascienda a la superficie y dañando, de este modo, la vida microbiótica de la arena. “Aunque no se puede ver a simple vista, hoy en día nuestra playa se compone, en su mayoría, de plástico”, declara Pavael Klinckhamers, de Greenpeace Países Bajos.

Pero todo ese plástico no proviene solamente del turismo, nada más lejos de la realidad. Los residuos vertidos por los barcos, sea deliberadamente o por accidente, son bastante más importantes y se calcula que cada año se vacían en el mar entre dos y diez mil contenedores. Las aves marinas confunden estos desechos con alimento y los ingieren. Un estudio neerlandés realizado en 2003 demostró que el 95% de los petreles fulmares orillados contenían plástico en su estómago. También se ha encontrado plástico en el estómago de muchas focas varadas en la costa.

El hecho de que el número de aves marinas manchadas de petróleo esté disminuyendo demuestra que la lucha internacional contra los vertidos ilegales de fuel en el mar del Norte da sus frutos. En los años 80, se apreciaban manchas de hidrocarburo en el plumaje de todas las aves marinas orilladas. Hoy en día, esta cifra se ha reducido a un cuarto de las aves encontradas. Pero sigue sin ser suficiente y los culpables no se dan por aludidos.

Una bomba de relojería

Pocas personas saben que el fondo marino de la costa de Heist alberga un enorme vertedero de munición que data de las dos guerras mundiales. Se calcula que hay entre 35 y 200.000 toneladas de material, de las cuales un tercio podría contener gases tóxicos. Una intervención podría provocar una catástrofe ecológica. Pero dejar las bombas donde están también es peligroso, porque tarde o temprano terminarán siendo corroídas por el óxido, liberando así su carga tóxica. La Unidad de Gestión Matemática del Mar del Norte y del Estuario del Escaut (UGMM) supervisa de cerca el estado del vertedero.

Productos químicos e interferencias hormonales

Las adolescentes que se bañan en el mar del Norte no tienen razones para temer que les salga barba: los niveles de sustancias químicas contaminantes en estas aguas no son lo bastante altos. Pero estos mismos productos químicos sí bastan para producir interferencias hormonales en la vida marina. Francis Kerckhof, biólogo de la UGMM, ha visto como se extinguía toda la población de múrices del mar del Norte en el lapso de dos años. Bajo la influencia de estas sustancias químicas, las hembras desarrollaron pene, lo que impidió su reproducción y conllevó la extinción de la especie entera. “Actualmente observamos malformaciones y un descenso de la fecundidad no sólo en las ostras y los berberechos, sino también en los peces”, afirma Kerckhof.

Hay tres tipos de sustancias químicas que preocupan especialmente a los investigadores. Los PCB altamente tóxicos —recordemos la crisis de la dioxina— llevan sin duda largo tiempo prohibidos, pero aún permanecerán miles de años en las aguas marinas. Los HAP (hidrocarburos aromáticos policíclicos) son sustancias alquitranosas liberadas por las chimeneas de los barcos, que consumen un combustible muy pesado y contaminante. El TBT (tributiletano) es una sustancia estannífera que se halla presente en las pinturas empleadas en los cascos de los barcos.

Pesca abusiva

Es difícil calcular el impacto exacto de la contaminación sobre las reservas de peces del mar del Norte, pues éstos se hallan ya diezmados por la pesca. “Los atunes, los bacalaos de más de un metro, los grandes peces araña, los tiburones, las ostras planas, los grandes buccinos, todos han desaparecido de nuestras aguas”, observa Francis Kerckhof. Tras la imposición de una prohibición de pesca, las especies amenazadas se recuperan muy lentamente. “Probablemente porque han quedado demasiado debilitadas por la contaminación y porque su fecundidad se ha visto reducida en exceso”, explica Ann-Katrien Lescrauwaet, de Vliz, el Instituto Flamenco del Mar.

Cada mañana la playa está bien limpia, las aguas costeras tienen un aspecto cristalino y la lonja rebosa de lenguados frescos. Pero según Patrick Roose y Kerckhof el mar del Norte está en peligro. Las consecuencias realmente dramáticas aún no son palpables, pues las grandes corrientes renuevan estas aguas cada año. “Pero la vida marina se acerca a un punto sin retorno”, advierte Kerckhof.