El almacenamiento de residuos, un asunto radiactivo

En Cernavoda, cerca del mar Negro, funciona desde 1996 la única central nuclear del país. Pero la instalación en las proximidades de un centro destinado a almacenar los residuos radioactivos preocupa a los habitantes, que temen las consecuencias de una posible catástrofe.

Publicado en 8 septiembre 2011 a las 15:49

Es una población normal de la Rumanía profunda, con sus caminos polvorientos, sin red de distribución de agua y un paupérrimo alumbrado público. Saligny, situada al sureste del país, cerca del mar Negro, se dispone a albergar en su subsuelo calcáreo los residuos radioactivos de la central nuclear de Cernavoda, a una decena de kilómetros de allí.

El 2 de agosto, el ayuntamiento dio luz verde al proyecto de la Agencia Nuclear para los Residuos Radioactivos (ANDR), pero el recuerdo del accidente de la central japonesa de Fukushima angustia a los campesinos. "Tenemos una auténtica bomba cerca del pueblo", comenta indignado Florin Gheorge, un habitante de Saligny. "Si ocurre algo con los dos reactores de Cernavoda, será peor que en Japón".

El alcalde, Gabriel Tatulescu, no comparte las preocupaciones de los lugareños. "Obtendremos muchas ventajas: carreteras, agua corriente, alcantarillado e iluminación", señala. "No vamos a ceder fácilmente, sino que negociaremos para obtener el máximo de equipamientos para el municipio. De todos modos, tengo la intención de organizar un referéndum en el pueblo".

El 20% de la electricidad rumana

A pesar de su pobreza, el pueblo se siente orgulloso de su nombre y su historia: Anghel Saligny, pionero de puentes y calzadas de finales del siglo XIX, construyó en Cernavoda un puente sobre el Danubio que mantiene su esplendor del pasado. Su padre, Alfred Saligny, fue un francés que llegó de Alsacia para instalarse en Rumanía y ejercer de pedagogo. En este país, su hijo revolucionaría la construcción de puentes, antes de ser nombrado ministro de Obras públicas en 1910. En esta época, Rumanía vivía un auge económico considerable, que se detuvo tras la Segunda Guerra Mundial, con el advenimiento del régimen comunista.

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Fue en la ciudad de Cernavoda donde el dictador Nicolae Ceausescu decidió construir en los años ochenta una central nuclear. Al contrario que otros países del bloque comunista, que pretendían producir su energía gracias a las centrales nucleares, rechazó cualquier cooperación con Moscú y recurrió a los canadienses y a la tecnología de tipo Candu, a base de uranio no enriquecido y de agua pesada presurizada.A largo plazo, con esta tecnología Rumanía podría crear la bomba atómica. Pero la caída del régimen comunista en 1989 y la ejecución de Nicolae Ceausescu pusieron fin a esta perspectiva.

En Cernavoda, se abandonó la obra de los cinco reactores en la central, mientras que Rumanía pasaba por una larga transición económica y política agravada por las penurias de su población. Hasta 1996 no entró en funcionamiento el primero de los cinco reactores. El segundo se puso en marcha en 2007. Con una potencia de 750 megavatios cada uno, garantizan actualmente el 20% de las necesidades energéticas del país.

Residuos radioactivos hasta el año 2110

Si los residuos más radioactivos se conservan en el recinto de la central, los demás productos contaminados se acumulan y su almacenamiento resulta un problema. La ANDR analizó 37 poblaciones alrededor de Cernavoda para hallar el lugar adecuado para albergar los residuos de la central. Los expertos determinaron que el pueblo de Saligny reunía todas las condiciones necesarias. Se eligió un terreno de unas cuarenta hectáreas para alojar en tres niveles 64 celdas de hormigón. El centro debería abrir en 2019. Su capacidad permitiría recibir residuos radioactivos hasta... 2110.

Se destinarán 180 millones de euros para la primera etapa del proyecto y el Estado prevé un presupuesto total de 340 millones de euros para la construcción del depósito subterráneo. "Necesitamos contar con la aprobación de la población y vamos a organizar debates", asegura Ion Nastasescu, director de la ANDR. "La gente tiene que comprender que se trata de un proyecto sólido y seguro. No vamos a dejar a las generaciones futuras un lugar peligroso".

Pero el proyecto no cuenta con la aprobación unánime del pueblo. "No estoy de acuerdo", afirma Mircea Ion, uno de sus habitantes. "Ya tenemos bastantes problemas con la central. Los árboles no dan frutos, las huertas están destrozadas y ha afectado a nuestros hijos. ¡Que se vayan al diablo con su depósito radioactivo!"

China y Corea del Sur revelan su interés

A pesar de la catástrofe de Fukushima, las autoridades rumanas no quieren replantearse el gran programa nuclear previsto para los próximos decenios. El Gobierno rumano proyecta construir dos nuevos reactores en Cernavoda, gracias a una asociación pública y privada que cuenta con 4.000 millones de euros.

Pero en enero se retiraron tres de las cinco empresas asociadas a este proyecto: GDF-Suez, la alemana RWE y la española Iberdrola. Mientras, Bucarest ha abierto la puerta a inversores de fuera de la Unión Europea. La empresa china Guangdong y el consorcio coreano Korean International Nuclear ya han mostrado su interés.

Rumanía planea la construcción de una segunda central, situada en el centro del país. Los futuros residuos también se almacenarán en Saligny. La oposición de los habitantes no parece lograr que el Gobierno dé marcha atrás.

Desde Rumanía

"Nuestras berenjenas serán grandes como hangares"

“Desunión completa en Saligny”, lamenta Evenimentul Zilei. “Entre aquellos que dicen no tener miedo y los que creen que sus terneros se pondrán tan gordos como los hangares, aquí nada funciona bien. Saligny va a estallar”. Todas las discusiones que tienen lugar en el pueblo se centran en este tema: aceptar o no el centro de almacén de residuos nucleares de la central de Cernavoda. Si para Ion Antohie, antiguo técnico de Cernavoda, “el peligro no está en los residuos”, para otros el depósito solo empeorará las cosas.

La construcción del centro de Saligny se proyectó durante la época comunista, con el visto bueno de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. Pero, pese a todo esto, la agencia atómica rumana para los residuos radioactivos –que gestionará el lugar- no posee todos los documentos, asegura el diario; “tan solo un simple certificado de urbanismo, al que debería de hecho ir adjunto el acuerdo por escrito de los vecinos” de Saligny, concluye Evenimentul Zilei.

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