El 12 de abril se celebrarán las elecciones legislativas en Hungría, unos comicios vitales para el país y la Unión Europea. El primer ministro de extrema derecha Viktor Orbán parece más debilitado que nunca, desgastado por una crisis económica, sus ataques contra las libertades fundamentales, los múltiples escándalos y los casos de corrupción. De hecho, el partido Respeto y Libertad (TISZA) del opositor Péter Magyar supera actualmente al partido del primer ministro, Fidesz, que lleva 16 años en el poder.
Parece que todas las miradas están centradas en Hungría. Por un lado, los dirigentes de la UE esperan la destitución del incómodo socio europeo aficionado al veto y al bloqueo político. Por otro lado, al Kremlin le preocupa el posible aislamiento de un importante representante de su política entre los Veintisiete.
La tensa campaña política deja observar las influencias de unos y otros. Por ejemplo, el Washington Post reveló el 21 de marzo la descabellada proposición que le hicieron los servicios secretos rusos al dirigente húngaro. Según el diario estadounidense, le habrían propuesto simular un intento de asesinato para mejorar su posición en las encuestas. Asimismo, el vicepresidente estadounidense J. D. Vance ha acudido a Hungría para apoyar a Orbán antes de las elecciones.
Sin embargo, nada está decidido aún, tal y como advierten algunos miembros de la oposición, quienes señalan el control total del Estado y de los medios de comunicación por parte de Orbán y sus colaboradores; un dominio que le otorga una influencia considerable en estas elecciones.
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